2 Jun 2022 - 5:00 a. m.

Solo sí es sí. A veces no

Difícil encontrar un nombre mejor que el de la Ley de Garantía Integral de la Libertad Sexual, aprobada por diputados españoles a pesar de la oposición de la derecha.

Solo sí es sí, surgió hace seis años a raíz de una violación en grupo durante las fiestas de San Fermín. El foco de atención ya no estará en cómo respondan o resistan las mujeres a una agresión, sino en su voluntad. El consentimiento, libre y expresado de manera clara, se convierte en eje del tratamiento judicial de la violencia sexual.

Las promotoras de esta legislación consideran que la norma es la más progresista de Europa. Según Irene Montero, ministra de Igualdad, es “un paso decisivo para cambiar la cultura sexual y crear una cultura del consentimiento”. Sin embargo, entre quienes lucharon años por este cambio, también hay partidarias de prohibir la prostitución en cualquier circunstancia, aunque sea voluntaria y así lo manifieste explícitamente la mujer que la ejerza. En esta actividad, ni siquiera el sí repetido y reiterado vale por sí. “Aunque diga mil veces sí, cuenta como un no”.

Las prohibicionistas aseguran que vender favores sexuales va contra la dignidad humana, tal vez porque ellas jamás lo harían. Su aversión es tal que ni siquiera hablan con prostitutas y pretenden decidir por ellas. Pero la realidad es que existen mujeres que deciden ser remuneradas a cambio de sexo.

Imposible no respaldar a Fernando Savater en que “reconocer la dignidad humana es aceptar la libertad del otro y su disponibilidad para encaminarla como prefiera”. Eso para no preguntarse qué tan feminista es no respetar lo que una mujer adulta decida hacer con su cuerpo cuando tiene plena libertad sexual, como busca la Ley Solo sí es sí.

Un delito sin víctima se conoce mejor como pecado. “Hubo eclesiásticos que negaron la libertad para el vicio” pues solo la virtud es libre. El fanatismo pregona que la prostituta nunca es libre. “El sí sólo es verdadero cuando su motivación es limpia, pero nunca por beneficio económico. El dinero siempre hace pecar”.

Abundan testimonios de “prepagos” o escorts colombianas en España que destacan la independencia con que ejercen su oficio, incluso cuando han llegado a través de redes. Una caleña de 20 años, con estudios universitarios, “emigró a través del contacto de un amigo, para venir a ejercer la prostitución”. Ella misma, por su cuenta y riesgo, viaja de un sitio a otro, en función de la información que recoge de los sitios donde trabaja. “Las mismas chicas de aquí le dicen a uno dónde se puede ir… Podemos entrar y salir cuando queramos, somos autónomas”, anota.

Algunas colombianas tienen éxito económico. Carolina, estudiante de la Complutense, cobra 250 euros por servicio —muchísimo más por una noche o un fin de semana— y asegura que lo hace “cuando quiere y con quien quiere”. Otras compatriotas atienden en un apartamento madrileño que pagan entre todas. Contrataron una secretaria inglesa para su agenda y recibir clientes anglófonos. Leonella, de 19 años, “vino consciente y voluntariamente” a ser escort. Llegó a Galicia a través de una red, por lo que contrajo una deuda de unos 6000 € que tardó dos meses en pagar. Desde entonces, vende servicios libre y autónomamente, recorriendo los clubes españoles que más le interesan. “Dicen que aquí nos maltratan y es mentira”, señala.

La vocación empresarial de algunas compatriotas se manifiesta en el tránsito al papel de prestamistas para el viaje de conocidas a continuar su oficio. “En Galicia está muy extendida la práctica. Las inmigrantes colombianas ya asentadas, que disponen de una cierta estabilidad, invierten económicamente en el viaje de terceras personas, facilitándoles lo necesario para el avión, así como la carta de invitación y los contactos para trabajar en España… Algunas entrevistadas en la capital invirtieron dinero en traer otras compañeras, lo que muestra que esta práctica no está sólo extendida en el caso gallego, sino que es frecuente en otras zonas”. Que en Galicia haya simultáneamente alta prostitución y narcotráfico no es coincidencia. Aunque las mafias de la droga no trafiquen mujeres, los narcos son buenos clientes.

La independencia de las escorts colombianas emigrantes, ajena a mujeres procedentes de algunos otros países, tiene raíces en el peculiar mercado del sexo local desde hace décadas. Allí, “las prostitutas ganan todo lo que producen putiando para ellas; los empresarios ganan con la venta de licores y el alquiler de apartados. No hay intermediarios del placer y el sexo; las prostitutas tienen el negocio de putería para ellas. El proxenetismo nunca ha sido significativo”.

Para la vanguardia, “quiero tener sexo como me plazca” está contaminado por el dinero, que lo convierte en pecado. En eso coincide con la caverna católica que votó contra el solo sí es sí.

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