4 Nov 2020 - 3:30 a. m.

La revolución del patio trasero

El hecho simple de sembrar una planta y cosechar productos agrícolas es un arte que Mayas, Aztecas e Incas, además de los Caribes, se transmitieron como parte de su cultura de generación en generación, pero esa cultura con la llegada de los españoles fue menospreciada, entró y continua en el olvido.

Nuestra vida depende 100% de los alimentos y parece que cada vez nuestra relación con ellos como un mal matrimonio, está llena de vacíos, dudas, secretos y distanciamiento social. La facilidad de adquirir comida ya procesada y lista, nos ha vuelto no solo ignorantes con respecto a los ingredientes que consumimos, sino que hemos perdido la conexión con la tierra, y desconocemos la importancia del productor, recolector y distribuidor en nuestras vidas. Nos hemos vuelto más consumidores que productores, dejando en un desbalance al mundo, abusando de sus recursos sin devolverle casi nada a cambio.

Con la llegada de la pandemia, el miedo al contagio y hasta por entretenimiento, muchos hemos despertado el interés por sembrar en nuestro patio trasero, ventanas de apartamentos y hasta usamos pequeñas esquinas donde da el sol para poner una huerta, o huerto.

Sin saberlo empezamos a hacer parte de la “revolución de la comida”, tema que cobra fuerza en todo el mundo, pues en el marco del Día Mundial de la Alimentación, celebración, promovida por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), se dejó claro la urgencia de disminuir el hambre en el mundo, propósito que también busca la Agenda 2030 que incluye la meta de acabar con la malnutrición en todas sus formas, pues la pandemia de covid-19 ha intensificado aún más la inseguridad alimentaria, que ha alcanzado un nivel no visto en décadas.

En Colombia la gente se juega la vida entre sobrevivir a la pandemia o sobrevivir al hambre. En estos momentos por las calles boyacenses los campesinos productores de papa han salido, durante varios días, a las carreteras aledañas al municipio de Ventaquemada, Boyacá, para vender a precios muy bajos, casi regalados, su producción de los últimos seis meses.

Uno de las formas de contribuir a la revolución de la comida, implica comprar en pequeños mercados o a pequeños productores, los cuales han sido los más perjudicados durante la crisis del Covid-19.

La relación que tenemos con la comida debe ser como una relación amorosa, libre de toxicidad, llena de interés y compromiso, pues regar la planta se convierte en cuidar la comida, en valorar los procesos y respetar el trabajo de los campesinos.

Sin duda encontrar proyectos orientados a esta tendencia en la ciudad es cada vez más fácil, por eso recomiendo el Directorio de Huertas Urbanas de Bogotá, una manera de visibilizar los proyectos agrícolas , elaborado con la información obtenida por el equipo técnico del Jardín Botánico, en el que encontré datos de los cultivos y productores e información útil para fortalecer las redes de comunicación entre agricultores para el intercambio de productos y saberes.

El directorio también es una herramienta que facilita el contacto entre productores y consumidores, allí se encuentran los nombres de las huertas, su ubicación, el teléfono y los productos y los servicios que ofrecen.

Nos urge empezar a sembrar y plantar la duda en quienes desconocen este movimiento y así contribuir un poco a esta importante revolución.

El huerto no solucionará sus problemas, sus deudas y sus dudas, pero quizás cambie su orden de prioridades en la vida. De pronto lo arrastre al concepto slow life. Puede que ese tiempo que pase en contacto con la naturaleza, con su familia y obteniendo recursos de la tierra solo con su maña y esfuerzo, lo lleve a construir una vínculo sano con su comida y su entorno, el cual le aseguro dará buenos frutos.

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