SIEMPRE HE CREÍDO QUE HAY QUE desconfiar de las personas que utilizan muchos adjetivos. Aquellos que recurren a superlativos tienden a ser poco efectivos. Compensan su falta de resultados con abundancia de palabras.
En cambio me producen respeto las personas que saben callar y juegan con los silencios. No es de extrañar que uno de los rasgos más característicos del líder populista sea el abuso de la palabra y el recurso a los excesos verbales.
Han existido en la historia política muchos fantoches que envuelven multitudes y cautivan con su palabra. Hitler, Mussolini o Perón son buenos ejemplos. Pero hay también algunos que no califican para entrar en esta categoría. Son sólo bocones que hablan sin cesar para esconder en la verborrea sus verdaderas intenciones y su falta de profundidad. Chávez es un excelente ejemplo aunque reconozco que su dialéctica es, en ocasiones, hábil. En cambio su colega Correa no es más que un bocón; un gran bocón.
Posa de lo que no es. Quiere encarnar el papel de víctima cuando en realidad las víctimas las ponen los colombianos. Se siente herido en su dignidad cuando lo que es indigno es tolerar la operación de grupos terroristas en su territorio. Insiste en que no perdonará la afrenta cuando somos los colombianos los que no olvidaremos la falta de solidaridad con Colombia en el esfuerzo por recuperar su seguridad interna. Como buen bocón, habla mucho pero actúa poco. Parece ser que sólo recientemente se dio cuenta de que en las más altas esferas de su gobierno había socios muy cercanos de las Farc. Como buen bocón quiere callar con sus lamentos y quejas las pruebas irrefutables que están en los computadores de Raúl Reyes. Insiste en que Colombia no cuida sus fronteras desconociendo que las Fuerzas Armadas nacionales realizan una labor titánica enfrentando múltiples centros de operaciones militares. Ecuador, en cambio, no tiene los mismos retos de seguridad y podría ser mucho más diligente en evitar que los terroristas utilizaran su territorio como santuario. El hecho inobjetable es que Raúl Reyes vivía, en un campamento permanente y rodeado de un grupo importante de terroristas, dentro de las fronteras de Ecuador. Esos son hechos, no palabrerías.
Correa es ingenuo. Cree que atacando a Colombia obtendrá beneficios adicionales. El único que le hace eco es Chávez y cada vez con mayor prudencia. Cuando se destapa un archivo del computador de Reyes su legitimidad se esfuma. Son tan contundentes las pruebas de tolerancia con las Farc que sus grandes diatribas contra nuestro país quedan flotando en el aire. Piensa que puede pactar con el diablo sin darse cuenta de que las Farc ya están operando en Ecuador, en alianza con carteles ecuatorianos de droga, como lo confirman las recientes investigaciones de las autoridades judiciales del vecino país.
El interés de Correa es aparentar firmeza mientras su país cae en ruinas. Ya no pagan sus deudas, no respetan el régimen de los contratos y su economía se debilita en medio del populismo. Seguir hablando contra Colombia lo llena de una ficticia vitalidad en medio del caos creciente.
Me ratifico. No me gustan los bocones.