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LAS FRASES TRILLADAS SON POR LO general frases de cajón. Abusamos de ellas y, de forma gradual, les vaciamos su contenido.
Una de ellas es pronunciada hasta la saciedad en este país de la impunidad: “Que le caiga todo el peso de la ley”. Pues cuando se analiza lo que esta frase significa, queda claro que la ley colombiana es bien ligera. El peso de la ley es ridículo y se refleja en las sentencias que reciben los pocos condenados por delitos que son, en ocasiones, gravísimos.
Los mejores ejemplos son los casos de la parapolítica. Las sentencias que reciben aquellos que son condenados resultan simbólicas. Son tan breves que ya hay algunos que han recobrado su libertad, pues recibieron todo tipo de rebajas que más bien parecen la feria de los descuentos. Algunos sembraron lechugas; otros estudiaron filosofía; hubo incluso quienes atendieron “el caspete” (la tienda del penal) y ganan el beneficio de generosas reducciones de sus sentencias. Algo similar está sucediendo con los condenados por las pirámides. Estarán en la cárcel algo más de un año y luego saldrán a disfrutar sus tesoros escondidos habiendo “asumido la deuda contraída con la sociedad”. Esta es otro buen ejemplo de una frase trillada que refleja el clima de impunidad generalizada.
Algunos argumentarán que los jueces sólo pueden aplicar las leyes aprobadas por el Legislativo. No es de extrañar que en el Congreso exista una fuerte tendencia a ser débiles con el delito. ¡El número de investigaciones penales contra congresistas es probablemente el más alto del mundo! Ningún otro órgano legislativo del planeta tiene tantos de sus miembros presos o bajo investigación por delitos que van desde corrupción, fraude electoral, concierto para delinquir, lavado de activos e incluso asesinato. Por eso quieren que les caiga el peso de la ley pluma que ellos mismos han redactado.
Luego están los rousseauistas, aquellos que todavía creen en la bondad del ser humano. Son los que no se han dado cuenta de que el delito es hoy producto de bandas criminales sofisticadas, organizadas y con una inmensa capacidad de daño social. Nada que ver con el Emilio, tiernamente descrito por el autor del Contrato social.
También está el mundillo de los abogados penalistas, jueces, ex jueces, los fiscales, ex fiscales, procuradores, ex procuradores y demás practicantes del derecho que viven de lograr la absolución de culpables amparados en tecnicismos y explotando todas las fisuras que brinda el aparato judicial. A ellos tampoco les interesa que el peso de la ley sea real. Es un gran triunfo para ellos que un rufián obtenga una condena irrisoria frente al delito cometido.
Finalmente está claro que al Gobierno tampoco le interesa que los culpables paguen. El caso reciente de la guerrillera Karina, que nunca estuvo realmente en la cárcel, confirma que nuestra cultura es tolerante con el bandido. Una cosa es un tratamiento favorable para el que renuncie a la violencia. Otra muy distinta es la impunidad. A los narcoparamilitares hubo que extraditarlos pues de lo contrario ya estarían libres y orondos. Menos mal hay extradición.
Y mientras tanto, a Madoff, por estafar a los ricos, le van a dar 150 años de cárcel.
