POCAS COSAS EN LA VIDA SON SIMples. Los procesos políticos, económicos y sociales son siempre complejos. Por eso, en principio, rechazo las afirmaciones simplistas, pues reducen de forma arbitraria la complejidad. Los simplismos son maniqueos y tienen fuertes dosis de falsedad.
La actual crisis en la Franja de Gaza es un buen ejemplo donde pululan los simplismos. El más burdo de ellos es afirmar que la emigración de los judíos a la región después del Holocausto es lo que ha generado el conflicto actual. Conviene recordar que en el territorio donde hoy se sitúa el estado de Israel hubo comunidades judías diecisiete siglos antes de Cristo. Luego del éxodo regresan de la esclavitud en Egipto, 1.300 años a. de C. En ese corredor geográfico han pasado muchas culturas, pero los judíos siempre estuvieron ahí. Había judíos cuando llegaron los persas, los griegos, los romanos y los bizantinos; cuando invadieron las tribus mahometanas, los cruzados, los mamelucos, los otomanes y más recientemente los británicos. Los judíos coexistían con otros pueblos en un equilibrio inestable. Luego no es cierto que el pueblo judío sea un “invasor reciente” en la región, pues ha sido un protagonista central de la historia de esa parte del planeta.
Simplismo es afirmar que la superioridad militar de Israel es aplastante. Israel es un país de seis millones de habitantes, rodeado por Egipto (80 millones), Jordania (5,7 millones), Siria (19 millones) y Líbano (3,7 millones). Con todos ellos ha tenido que luchar en varias ocasiones desde 1948. Si le sumamos otros países enemigos cercanos como Irak (29 millones), Libia (5,5 millones) o Irán (68 millones), la cifra es aún más desigual. ¡Mal contados son 205 millones contra 6 millones! El poderío militar israelí es, visto desde esta perspectiva menos simplista, un asunto de supervivencia.
Simplismo es desconocer que la única verdadera democracia de la región es Israel, sin bandas armadas que dominen los partidos políticos como en el Líbano o en las áreas bajo control de la autoridad palestina. Egipto, Libia, Siria, Jordania o Irán son democracias parciales, dominadas por partidos únicos o hegemónicos y con libertades políticas limitadas.
Simplismo es creer que habrá paz en la región sin que exista seguridad para Israel. Ese país está rodeado de grupos políticos paramilitares, de carácter terrorista, cuyo único propósito declarado es la desaparición del estado de Israel. De ahí la obsesión israelí por garantizar la seguridad de su población.
Las causas de este conflicto son múltiples y complejas. Sus raíces están en una extensa historia común. La desconfianza es mutua y las heridas profundas. Simplista sería desconocer que en una guerra tan larga se han cometido abusos y atropellos —de parte y parte— que son injustificables. Nadie puede negar que la situación del pueblo palestino sea crítica en todos los aspectos. La realidad en Gaza es desgarradora y confirma que el recurso de la violencia por las dos partes no soluciona nada.
El camino de la paz en Medio Oriente está sembrado de fracasos y frustraciones. En el océano de afirmaciones simplistas, está claro que Israel está perdiendo la guerra de la información.