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“Así me violentó mi exnovio”

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Natalia Herrera Durán
11 de mayo de 2026 - 05:06 a. m.
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Ana María Gutiérrez Solarte tiene 20 años. Es estudiante de Comunicación Social de la Universidad Sábana de Bogotá y, hace poco, venció el miedo a nombrar la violencia que sufrió por parte de su exnovio. Recogió la evidencia con cuidado: los mensajes, amenazas de muerte y llamadas intimidantes que recibió por meses. Luego, les contó a sus familiares lo que hasta entonces había lidiado en soledad, con muchísima angustia. Con su respaldo, denunció los hechos ante la Fiscalía. Desde entonces, han pasado ocho meses y ninguna autoridad la ha contactado. Por eso, quiso hablar del tema en el periódico de su universidad. Escribió una columna precisa y sensible, la publicaron, pero después la censuraron y retiraron de la página web. Al pedir una explicación, le dijeron que ese tema no tenía cabida porque no estaban interesados en el periodismo de denuncia. Un oxímoron inaceptable.

Esa es la razón para que hoy esta columna tenga sus palabras y un mensaje contundente, como el que ha dado el movimiento “Yo Te Creo Colega”, creado con mucha dignidad y coraje por varias periodistas para recoger denuncias de acoso sexual dentro de los medios de comunicación, y cuyo primer informe, publicado una semana atrás, describe 250 casos: hay que nombrar y sancionar la violencia machista que impacta y afecta la vida de las mujeres, para que un día, por fin, deje de ser la norma.

Aquí Ana María:

“Nunca olvides que te odio y te detesto. Porque, así como te quise tanto, también me puedo vengar y volverte mierda”. Ese fue uno de los mensajes que recibí de mi expareja, Luis Castillo, luego de que decidí terminar con nuestra relación. Opté por bloquearlo cuando me di cuenta de que sus chats no se detendrían. Sin embargo, no fue suficiente. Empecé a ser contactada por cuentas falsas de Instagram, TikTok y WhatsApp. Incluso, una amiga suya me escribió insultos.

Desde el día que conoció a mis amigas me dijo que no le caían bien. Según él, compartía demasiado tiempo con ellas y eran una mala influencia. Como en muchas películas de terror, decidí no darle importancia. Ahora reconozco que esto era violencia. El círculo violento empezó con comentarios disfrazados de preocupación o celos. El objetivo no era que cambiara de amistades, sino que me quedara sola. Porque cuando una se aleja de sus redes de apoyo, toma distancia de quienes ayudan a reconocer el abuso.

Tras meses de maltrato, no aguanté más y lo dejé. Lo bloqueé de WhatsApp y me escribió por TikTok. Él me decía que me trataba como “prepago” o “brincona” porque me lo merecía y porque mis acciones lo molestaban. Siempre me responsabilizó de sus mensajes hirientes y yo no podía evitar sentirme culpable. En ese momento, no lo entendía así, pero, estaba en lo que la psicóloga Lenore Walker llama un ciclo de la violencia: primero la acumulación de tensión (insultos, reproches, culpas); luego la agresión (el ataque verbal); y por último la “luna de miel”, cuando insistía en volver y en que estaba arrepentido.

Cuando por fin terminé esa relación me sentí libre. Pero, pronto, empecé a recibir llamadas de números desconocidos. A veces era él, insultándome o insistiendo en volver, otras (como él mismo me confesó) eran operadores de empresas a las que él les había dado mi número. Quería someterme a un “spam” telefónico como venganza por terminar.

También le deseó la muerte a mi gata y me advirtió que debía tener cuidado cuando saliera. Era aterrador ser intimidada por alguien que conocía mi vivienda, mi familia, dónde estudio y los lugares que frecuento. Por eso, con apoyo de mi familia, denuncié estos hechos en la Fiscalía, aunque aún no se ha adelantado ninguna acción de investigación.

Toda esta situación me generó angustia, secuelas psicológicas y preguntas dolorosas que sigo resolviendo. La violencia machista y el acoso no es un problema que debamos resolver solas, ni una carga que tengamos que soportar. No nos corresponde la culpa, ni la responsabilidad de lo que otros hacen. Reconocerlo fue el primer paso. Ahora, el llamado es claro: las autoridades deben asumir su deber, acompañar a las víctimas y garantizar protección a quienes la necesitan".

Natalia Herrera Durán

Por Natalia Herrera Durán

Periodista de Investigación. Trabajó en El Espectador desde el año 2010 y durante 15 años. Le interesan los temas sociales y de denuncia.@Natal1aHnataliaherrera06@gmail.com
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Berta Lucía Estrada(2263)Hace 22 minutos
Toda mi solidaridad para con Ana Ma Gutiérrez y para con todas la víctimas de la violencia machista y misógina. Deberían publicar el nombre de la universidad que decidió dar la espalda a una denuncia valiente. ¿Esta decisión no la hace cómplice de lo que pueda sucederle? ¿ La fiscalía no sería cómplice de la violencia machista y por ende cómplice de un feminicidio que podría ocurrir en cualquier momento? Lo pregunto porque al no proteger a Ana Ma la está dejando sola al frente de su torturador.
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