Publicidad

El testimonio que respalda la inocencia de Iván Cano

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Natalia Herrera Durán
09 de marzo de 2026 - 05:07 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

En la cárcel de Morelia, en Michoacán, sigue detenido Iván Cano, de 25 años. Su salud ha desmejorado mucho desde la última vez que hablamos, “anda torcido, apoyado en un bastón”, dice Rubiela, su mamá, que no puede de la tristeza. Lo conocí porque junto a la periodista española Beatriz Guillén revelamos su historia en El País, en diciembre de 2025.

Llegó a México tras un año de desempleo, atraído por la promesa de un trabajo soñado. Una supuesta compañía mexicana de paquetería se interesó en su perfil de técnico del SENA en sistemas informáticos y financió su traslado. Originario de una familia humilde de Villavicencio, Iván nunca había viajado en avión. De la angustia que le dio, las auxiliares del vuelo le ayudaron a mantener la calma con una máscara de oxígeno.

Al aterrizar en Guadalajara, en el estado de Jalisco que hace unos días estaba en estado de sitio e incendiado por la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, o el Mencho, integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) lo secuestraron. Durante dos semanas, Iván sufrió torturas por negarse a realizar ciberataques para la organización. Querían que jaqueara para ellos, pero él ni siquiera tenía el conocimiento para hacerlo.

La pesadilla dio un nuevo giro cuando la Guardia Nacional irrumpió en el lugar, pero en vez de ayudarlo y reconocerlo como víctima de trata de personas para cometer actos delictivos, lo golpearon y presentaron como un criminal del cartel. Dijeron que él mismo les había dicho que su alias era Guacamaya y que hacía parte de las FEM, unas siglas poco conocidas que hacen referencia a una especie de cuerpo élite que respondía directamente al Mencho.

La Fiscalía lo acusó ante un juez de portación de armas exclusivas del Ejército, ignorando además su vulnerabilidad física. Iván mide 1,87 metros y pesa 50 kilos debido al síndrome de Marfan, diagnosticado desde su infancia. Su vista y fuerza física son muy limitadas, tanto que parece surreal que lo quieran hacer pasar por un agente de fuerzas especiales. Su captura fue una de las 40.000 realizadas bajo la estrategia de seguridad de Omar García Harfuch, en el Gobierno de Claudia Sheinbaum, e ilustra con detalle los vacíos de los operativos masivos, en donde es fácil difuminar la distinción entre víctimas y victimarios.

La carpeta del caso de Iván es una muestra de ello. Está llena de contradicciones entre las versiones de las autoridades y las pruebas materiales y físicas de Iván. Por ejemplo, en su expediente reposa un testimonio determinante para que su caso dé un vuelco, que no se ha tenido en cuenta y que hasta ahora se conoce en prensa. Se trata de una denuncia anónima, del 20 de mayo de 2025, que motivó el inicio de investigación y operativo de la Guardia Nacional en el rancho en donde fue encontrado Iván.

La denuncia la formuló un hombre venezolano que mencionó una historia muy similar a la de Iván: que al llegar a México fue secuestrado por un grupo de personas del Cártel Jalisco Nueva Generación, quienes lo trasladaron a Jalisco a la sierra donde había otra personas indocumentadas, a quienes les dijeron que “ya trabajaban para el cartel” y que “el que no quisiera se moría”. El venezolano refirió que el grupo tenía “armas de grado militar” y usaban vehículos con blindaje"; también dio las coordenadas geográficas y aseguró que allí “ejecutaban personas” y “tenían gente secuestrada”.

¿Por qué se desestimó que Iván Cano era una de esas personas secuestradas, ante su evidente vulnerabilidad? Antes de proferir un fallo, es un deber ético y profesional de la Fiscalía y la justicia mexicana que analice el testimonio que originó el operativo de la Guardia Nacional, a la luz de la situación de este joven. “Ay, sumercé, en la llamada mensual que pudimos hacerle lo vi triste, enfermo. Yo solo pido a Dios que salga libre, él es inocente, no debe nada y temo perderlo si sigue así”, implora su madre.

Natalia Herrera Durán

Por Natalia Herrera Durán

Periodista de Investigación. Trabajó en El Espectador desde el año 2010 y durante 15 años. Le interesan los temas sociales y de denuncia.@Natal1aHnataliaherrera06@gmail.com
Conoce más

Temas recomendados:

 

maría(52338)Hace 2 horas
qué triste, ¿por qué no lo apoya el consulado? por otro lado, mientras algunos periodistas le andan lavando la cara a oviedo, aquí encontramos un trabajo que sí cumple con el compromiso de esa profesión.
Cordillerano(64187)Hace 4 horas
La triste historia de siempre, un país que "exporta" su talento humano, los jóvenes, la capacidad de trabajo ... y que por largos años se ha registrado como una actividad altamente rentable por el ingreso de divisas vía "remesas". Ahí están los "logros" de las políticas de desarrollo productivo de la dirigencia colombiana de las que tanto dicen defender.
Atenas (06773)Hace 6 horas
Triste y lamentable historia de quien en su desespero por no encontrar empleo durante el nefasto gbno del sofista Petro no tuvo otra alternativa más q’ echar pa México, ya de por sí desgracia suma tomar ese destino. Alocado país ese o charro como son sus burdas películas q’ los identifica, allí no se da nada por seguro, y si por los mexicanos fuera saldrían todos rumbo a USA. Atenas.
  • Cordillerano(64187)Hace 4 horas
    Qué comentario tan cínico, que mas se puede esperar del pestilente "aTENAs" ... ¡Qué asco!!
leunamuno(9808)Hace 6 horas
Al parecer la diplomacia es solo adorno institucional, ojalá los embajadores cumplan su razón de existir.
DONALDO MENDOZA M.(67774)Hace 6 horas
Gracias, Natalia. Valioso y liberador testimonio.
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.