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No, no se trató de un “suicidio de pareja” al estilo de “Romeo y Julieta”, como dijo durante la audiencia de instalación de juicio el abogado Rodrigo Javier Parada Rueda (sí, el penalista del “amor romántico”), en abril de 2024. Carolina Paz Quiñónez fue víctima de un atroz feminicidio por parte de su expareja, José Luis Ortiz Santos. Así lo determinó la justicia, en primera instancia, seis años después de ocurrido este hecho. La decisión del Tribunal Superior de Bucaramanga se dio el 14 de julio, aunque pasó inadvertida para la prensa, tan concentrada en el último tiempo en los movimientos del apocalipsis político.
Ese día, su madre, Nubia, su papá, Ramón, y sus hermanos, Andrés y Marcela, fueron hasta el juzgado para escuchar, sin la mediación de una pantalla, el sentido del fallo. Estaban ansiosos. El juez, Óscar Javier Serrano Villabona, describió los argumentos de la Fiscalía y la defensa y hacia el final de su intervención dijo: “Es claro que en este caso la negativa de Carolina de seguir relacionándose con José Luis, el haber terminado sin su consentimiento un embarazo y la posibilidad de relacionarse con otro hombre o irse del país, lo llevaron a cegarle la vida (...) La muerte de Carolina no puede quedar en vano, pues este caso, más que seguir romantizando y justificando la violencia y el sometimiento, debe contribuir para que otras mujeres no sigan siendo discriminadas y violentadas a manos de quienes dicen, supuestamente, amarlas y protegerlas”.
Ese 10 de enero de 2020, a las 10:00, la Policía halló dos cuerpos intoxicados en el barrio Sotomayor de Bucaramanga. La mujer ingresó sin signos vitales a la Clínica de Bucaramanga y los médicos no pudieron reanimarla. El hombre fue trasladado al Hospital Universitario de Santander y, según la Policía, ingresó estable. La inspección forense al cuerpo de Carolina Paz estableció que murió por cianuro. En cambio, el informe toxicológico de José Luis Ortiz Santos no mostró rastros de ese veneno, pero sí dio positivo para marihuana y cocaína.
Ortiz Santos tenía 39 años, era soltero y técnico en sistemas; Carolina Paz, economista, de 33 años y ya había terminado su relación con Ortiz Santos. La necropsia sugirió una muerte violenta, aunque algunos medios locales difundieron el caso como un “suicidio de pareja”.
Revelé este caso en julio de 2024 y di a conocer detalles claves de la autopsia psicológica forense de Medicina Legal, fechada el 20 de mayo de 2021. El informe pericial desde el primer momento descartó el “pacto de amor”, porque Ortiz no tenía rastros de cianuro ni las secuelas típicas de los sobrevivientes a este tóxico. Además, la investigación evidenció situaciones de acoso e intimidación previas a la muerte de Carolina. El hombre la asediaba, la vigilaba, se quedaba a dormir frente a su apartamento e intervino sus comunicaciones.
“Ha sido un proceso doloroso y largo. Este es el segundo fallo de un feminicidio con cianuro que trasciende en el país y una sentencia, en primera instancia, determinante, porque Santander es un departamento que sigue teniendo un crecimiento muy preocupante en su cifra de feminicidios. Hay un machismo interiorizado en la administración de justicia, sobre todo en la jurisdicción de familia, donde hay un ecosistema que normaliza esta violencia, por eso es tan importante que haya fallos que condenan estos hechos con tanta contundencia”, comentó Yamile Roncancio, la abogada de la familia de la víctima.
No, no se trató de un pacto de amor. Carolina Paz fue asesinada por su expareja y hoy la justicia lo ha reconocido.
PD. El mandatario saliente, Gustavo Petro, debe reconocer el triunfo de Abelardo de la Espriella y concentrar su energía en ser parte de la oposición democrática. Negar este hecho afecta su futuro político y el de la izquierda progresista. Sin hablar de que aleja a los sectores que votaron por él, pero ven con desconfianza sus discursos conspiranoicos inescrutables.
