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De presidente eterno a papá y ahora ministro de Defensa

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Nicolás Rodríguez
04 de mayo de 2026 - 05:16 a. m.
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Gracias a la Jurisdicción Especial para Paz (la JEP que el uribismo quería hacer trizas) y el Macrocaso 03 denominado “Asesinatos y desapariciones forzadas presentados como bajas en combate por agentes del Estado”, hoy sabemos que el número de casos asciende a 7.837. Antes se hablaba de 6.402 e igual existían quienes se empeñaban en negarlos.

Sobre la nueva cifra el ahora posible ministro de la Defensa de Paloma Valencia fue consultado radialmente. En la entrevista que le dio a Caracol Radio, Uribe arrancó por afirmar que la investigación comprende los años 1990 al 2016 para así destacar que durante una buena parte de ese periodo él no gobernó. Por supuesto, tiene razón.

El presidente de la JEP, Alejandro Ramelli, explicó que el aumento en el número de casos obedece a una ampliación del período de análisis que llevó a que del marco temporal 2002-2008 se pasara al de 1990-2016. Adicionalmente, nuevas bases de datos fueron tenidas en cuenta junto con informes aportados por víctimas que no habían sido incorporados.

Si antes todo lo que viniese de la JEP era ilegítimo o cuando menos falso, ahora, qué conveniencia, las cifras se pueden conversar. No sobra recordarle al candidato a futuro ministro de la Defensa que fue durante su mandato que ocurrieron la mayoría de casos registrados (6.503 casos entre 2003 y 2010, como fue explicado en el editorial publicado por El Espectador el jueves pasado).

En la entrevista Uribe aprovecha para informar que durante su gobierno siempre que hubo una queja sobre comportamientos similares hubo una reacción. Por supuesto contundente, decidida, democrática, institucional. Un poco más de lo mismo y junto con el tonito de inocente cansado que pone terminamos en que Uribe fue el descubridor de los falsos positivos. Una vez más nada más lejano de la realidad.

Cuando le preguntan por la tan cínica como miedosa frase con que se refirió a los casos de falsos positivos (“no estarían recogiendo café” ), el expresidente responde con que “muchas veces he dicho que fue una equivocación”, aparentemente derivada de una supuesta información de la fiscalía de la época. O sea sí lo dije, pero fue porque otros me dijeron.

El espacio radial era un buen momento para unas disculpas, pero estas, como era de esperarse, no fueron enunciadas. ¿Alguna autocrítica sobre su manejo de la seguridad como comandante supremo de las fuerzas armadas, candidato a ministro de la defensa? Por supuesto que tampoco. Lo que sí ofreció otra vez, activado el modo abuelito, fue una explicación en la que los victimarios actúan por fuera de cualquier incentivo y al margen de todo el diseño institucional que llevó a lo que se conoce:

“Cuando a uno le cuentan que alguien que uno quiere está haciendo mal, en principio uno no cree. A mí me daba mucha dificultad… creer que los soldados y policías de Colombia hacían algo malo, queridos amigos”.

Es decir, una teoría sin relación alguna con la gestión de la seguridad en la que dice ser experto y por la que su hija política nos lo quiere reencauchar si llega a ser mamá de todos los colombianos (y presidenta, pero ellos hablan así).

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Berta Lucía Estrada(2263)Hace 31 minutos
Una excelente columna que pone en evidencia la infamia, la abyección y la pobreza de vocabulario del #6042. Y quien dice pobreza de vocabulario dice ignorante e incluso estulto. Y el que sea estulto no quiere decir que su posible participación en el genocidio colombiano sea menor al de las FARC y ELN.
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