Publicidad
21 May 2022 - 5:30 a. m.

El museo como hogar

De nada sirve que Duque se esfuerce por entregar a tiempo las vigas y los muros que formarán el futuro Museo de la Memoria en Bogotá mientras desvanecen las casas de la memoria. Que también son museos.

El llamado de auxilio financiero emitido por la Casa de la Memoria de Tumaco es un ejemplo del precio que pagamos al centrar la atención en garantizar que habrá foto de la inauguración del Museo de la Memoria.

Hay retos más allá del aplauso de la comunidad internacional.

En palabras de José Luis Foncillas, quien ha liderado los trabajos de la Casa de la Memoria de Tumaco, nadie se hace cargo de las obligaciones dictadas por una sentencia de Justicia y Paz. El Ministerio de Cultura, en lógica de economía naranja, todavía se pregunta si estamos o no ante un bien de interés cultural.

La Casa de la Memoria de Tumaco es una de las razones para construir el Museo de la Memoria. No al revés.

Y si insisten, que exista en el gran Museo de la Memoria una sala dedicada a cómo la casa de Tumaco detuvo sus actividades para que en Bogotá pudiesen contarlas.

Las víctimas y sus historias no son objetos coleccionables. Es más, la definición de museo, con su carga colonial, está cambiando en Colombia. Gracias a las casas de la memoria.

En Tumaco, la Casa de la Memoria educa estudiantes al mismo tiempo que abre espacios para rituales. Su sala dedicada a las personas que han fallecido le apuesta visualmente, a través de fotografías, a la empatía. Estamos ante un lugar de encuentro para muchos desaparecidos. Muchas veces, un cementerio. Un lugar de recogimiento para las víctimas en el que sus experiencias de dolor no son simplemente observables en anaqueles.

Ya no se trata exclusivamente de adquirir, conservar y exponer piezas de valor. En tanto que museo, la Casa de la Memoria de Tumaco está dedicada a las necesidades de la comunidad. Un hogar.

Síguenos en Google Noticias