El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

La semana anticomunista es un aporte al Escudo de las Américas

Nicolás Rodríguez

27 de julio de 2026 - 12:05 a. m.

“Siempre con absoluto respeto por la soberanía nacional”: palabras del vicepresidente electo José Manuel Restrepo para referirse a la posible entrada de Colombia al Escudo de las Américas con el que el gobierno de los Estados Unidos alineó a sus súbditos de la derecha continental.

PUBLICIDAD

Como ha sido ya explicado por varios internacionalistas, no estamos ante una alianza formal entre países de la región que suponga tratado constitutivo alguno. Tampoco se trata de una organización debidamente estructurada con sus órganos permanentes y reglas claras de membresía, toma de decisiones, financiación y demás. A lo sumo, estamos ante un arreglo informal liderado por Marco Rubio.

Una suerte de compadrazgo geopolítico en el que los favoritismos personales de todo compadrazgo son reemplazados por la importancia de una red de lealtades y afinidades entre presidentes de la talla moral de un Milei en Argentina o un Noboa en Ecuador.

Llamarle coalición político-militar a este entramado de violenta bravuconería impuesta por Trump y sus asesores a punta de los bombardeos indiscriminados de lanchas rápidas en el mar Caribe y Pacífico es una exageración que pasa por alto el desequilibrio entre supuestos “miembros” de la “alianza”. Si la tal coalición existe entre países tan disímiles como Estados Unidos y Bolivia, Costa Rica o República Dominicana, ¿quién se supone que definirá el contenido de la agenda de seguridad? ¿Se negociará entre Estados Unidos y Paraguay? ¿Escogerán Honduras, Guyana y Panamá los términos y los conceptos requeridos para caracterizar sus problemas de seguridad? ¿Tendrá Trinidad y Tobago la última palabra? ¿O acaso la Colombia de De la Espriella y su patria subordinada a Miami?

El Escudo de las Américas no es el club de favoritos de Trump, que ni sabrá qué países lo componen y mucho menos debe importarle. En la retórica de los Estados Unidos y su estrategia de seguridad nacional volvimos a las áreas de influencia, los patios traseros, las repúblicas bananeras y por supuesto los narcoestados. Por encima de la imagen visual de un escudo que muchos imaginarán tan honorífico como selecto, algo de qué estar orgullosos, lo que se impuso como concepto cuando explicaron su origen fue una coalición militar anticarteles. Ni más ni menos. Una patrulla transnacional de cazadores de carteles para la que los países involucrados no son más que un espacio de potenciales terroristas que es preciso rondar, combatir y si es necesario avasallar.

Ante esta ilustre red de vigilantes, no hay ciudadanos a la vista de los satélites.

Pretender que Colombia llega a semejante hermandad sin renunciar a la independencia que requiere para tramitar sus problemas de seguridad (y legados del conflicto armado), “con respeto absoluto por la soberanía nacional”, como lo pretende Restrepo, solo se lo creen en la patria milagro. Después de todo, es la misma patria en la que ya se discute abiertamente la posibilidad legislativa de una ley que promueva una semana anticomunista al año. Otro respetable aporte a la soberanía del país.

Conoce más
Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.