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Medir la coca... no es cuánta sino hasta cuándo

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Nicolás Rodríguez
19 de enero de 2026 - 05:05 a. m.
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Una de tantas discusiones que ha pasado de agache entre las bravuconadas recientes del imperio gringo y las reacciones locales es la de la medición de las hectáreas de coca.

No hace mucho que el tema de la posible desertificación arrojó como titulares que Colombia, el eterno alumno díscolo, estaba por caer en la lista negra de los que no cooperan en ese baile eterno que llaman “lucha contra el narcotráfico”. De Colombia se dijo que ya no erradica como era de esperarse, no coopera ni cumple con sus obligaciones. Un paria.

Podría decirse en un sentido parecido que las cifras de los satélites en las que las Naciones Unidas basan su poderío no mienten. La cantidad de hectáreas cultivadas con coca sobrepasa las 250.000 y va en aumento. Un regaño transnacional ante el que el presidente Petro respondió con que las incautaciones de su administración son igualmente históricas y más encima le miden el aceite a los narcos por encima de los campesinos. El ritmo al que crece la coca, se argumentó también, no es el que ustedes dicen. Tenemos nuestra propia forma de demostrarlo.

Y por ahí vino el dilema de “la producción potencial de cocaína”. Otra mala noticia con la que Petro, con razón, no estuvo de acuerdo. Un agregado mágico que le juega a proyectar, a adivinar lo que está por pasar a partir de unas zonas específicas que no son necesariamente representativas del territorio nacional. Groseros errores metodológicos que la administración de Petro, según lo relató un completo y sugestivo artículo publicado en el periódico El País, pretende subsanar con la idea de la “cocaína disponible en el mercado”. Que cuente también el consumo, lo cosechado que ya no aporta, lo de aquí y por allá… hasta que la ficción tome distancia con respecto a la realidad.

En fin, si en un lado está el aparato propagandístico que es la empresa política Trump, en el otro tenemos a un presidente que se hizo elegir con una mano retórica sensible hacia los esfuerzos de subsistencia de las familias campesinas cultivadoras de coca y ahora va en que llegó otra vez la hora del glifosato.

No son lo mismo, desde luego, pero el debate sobre qué se mide y cómo merece ser rescatado. O mejor aún, para qué medimos lo que medimos. ¿Cuál es la razón de tanta sofisticación a la hora de determinar qué crece, dónde y en qué cantidades? O por dónde circula, que es algo que sería aún más contundente si de visibilizar fracasos regionales se trata. Es más y para ir a lo obvio, ¿quiénes y desde dónde controlan lo que se mide y con qué propósitos? Si apenas ahora despertamos a la historia contemporánea de lo que se mide y cómo, ¿cuál es su prehistoria? ¿Desde cuándo nos miden y con qué objetivos estratégicos? ¿Con qué autoridad y hasta cuándo?

Seguimos bajo la utópica retórica, tan infantil, moralista y fracasada como autoritaria, de un mundo libre de drogas.

Conoce más

 

Juan Francisco Ruggiero Rodriguez(67605)20 de enero de 2026 - 08:36 p. m.
¿Quién vigila el texto? ¿El descerebrado corrector de ortografía? ¿Un editor apabullado y corto de tiempo que revisa de pasada? Porque algo cambia si el autor aludió a la "desertificación" pero iba a incluir la "descertificación" en sus pensamientos. Es tan impetuoso el vendaval de opiniones que todo gira enloquecido.
RICARDO BOTERO(81050)20 de enero de 2026 - 04:12 a. m.
A la coca le va pasando lo de la marihuana. Ahora que el fentanilo y las drogas sintéticas dominan el consumo, la coca se vuelve más obsoleta. Los hippies de los 70's eran pura hierba y hoy son uno cuchos queridísimos. La coca entró por los yuppies y ahora ya son sesentones. Los de ahora van por cosas más complicadas y complejas y el vicio de drogarse, incluso con alcohol y nicotina, parece inherente a la humanidad. Lo demás son "políticas" hipócritas estatales que enriquecen a los de siempre
Felipe Fegoma(94028)20 de enero de 2026 - 01:05 a. m.
El vicio nacional es culpar a otros de nuestros propios males. Hay muchos países pobres en el mundo y no se dedican al narcotráfico como Colombia. Casa país combatirá el narcotráfico como quiera o pueda, esa es su responsabilidad. La nuestra es no producir ni exportar cocaína, tampoco podemos quedarnos de brazos cruzados mientras la gente aquí se mata, esperando a que el mundo decida legalizarla. Nuestros traquetos patrios con sus socios internacionales crearon y mantienen los mercados.
Alberto Rincón Cerón(3788)20 de enero de 2026 - 12:25 a. m.
De acuerdo.
Ccdaw(0kmc6)19 de enero de 2026 - 04:32 p. m.
La guerra contra las drogas, no es contra las drogas, es contra los países que han de ser controlados, se consigue mediante el caos de una guerra. El resultado actual es que tenemos grupos que mueven coca, metales preciosos, tratan con personas y extorsionan a la población allí donde pueden: el caos. USA vá ganando.
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