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Primero el terremoto, después la batalla cultural

Nicolás Rodríguez

24 de agosto de 2026 - 12:05 a. m.

A pesar de la inmensa cantidad de imágenes y relatos de dolor e incertidumbre ocasionados por el terremoto del pasado 10 de agosto, el gobierno de De la Espriella logró imponer en la agenda su batalla cultural.

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No habíamos terminado de dimensionar la magnitud de lo sucedido y su terrible impacto en ciudades como Cali, Pereira, Quibdó y Buenaventura cuando ya estaba disfrazado de candidato presidencial el presidente, por supuesto con unos balones de fútbol y el recurso de la instrumentalización de los niños para las fotografías y los videos. Hecho el ridículo, era cuestión de minutos para que las reacciones de rigor le permitieran dar el salto a la tal batalla cultural. Así quedó registrado en una cuenta de X que suele difundir mensajes de su campaña: “La sonrisa de un niño a cambio de la amargura de un zurdo. Lo vale 100 %”.

Similares pequeñeces llevaron a la nueva directora del ICBF, Carolina Restrepo, a agarrarla con un mensaje escrito en las paredes de la sede con las peligrosísimas palabras “resistencia chiquita”. Intrascendente e innecesario, pero el caso le brindó a Restrepo su momento mediático y una valiente y aguerrida participación en la batalla cultural, en este caso contra un colectivo de niñas que lucha contra la violencia de género. “¿Cómo usan a los niños?”, se preguntó la señora encargada de instrumentalizar a los niños.

Nada muy lejano de la otra cruzada cultural, la ministra de Educación, Viviane Morales, quien se lanzó feliz ante las cámaras a denunciar el wokismo y la supuesta ideología de género. “Que no se busque adoctrinar a los niños”, nos dice esta adoctrinadora del cristianismo que viene a hacer justamente lo que advirtieron que harían durante la campaña electoral.

Y como aquí no hay lugares para las sorpresas, retomemos las palabras del presidente de Argentina y aliado transnacional en la batalla cultural, Javier Milei, por estos días igualmente envalentonado contra las mujeres: “Y de hecho estamos pagando muy caro la locura de los pañuelitos verdes, digamos, hoy Argentina no llega a una tasa de crecimiento de la población”, explicó hace unos días hablando de economía ante un auditorio mayoritariamente empresarial (“esa pasión por asesinar niños en el vientre de la madre también nos está costando caro en términos de crecimiento”, agregó el salame).

Un total de 448 municipios fueron afectados por el terremoto en 15 departamentos, según cifras de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres. La reconstrucción de las zonas puede requerir toda la atención y capacidades que se quiera de parte del Estado, pero los funcionarios del gobierno están obligados a participar en los juegos retóricos de la batalla cultural. Primero lo primero. Sin ese guión de circo, a De la Espriella le es imposible gobernar (“Más balones, menos drogas”, tuiteó la cuenta que apoya al adulto al mando de responder en nombre del Estado a 200.000 familias de colombianos).

Cómo cerrar sin mencionar la entrega a la Fiscalía, la Procuraduría y la Contraloría del llamado Libro de la verdad, a tan solo ocho días del terremoto. El documento tiene 135 páginas, recoge 82 casos de presunta corrupción bajo el Gobierno de Gustavo Petro y fue hecho con metodologías propias de la inteligencia artificial. Según el vicepresidente, José Manuel Restrepo, el enfoque empleado para conseguir la documentación fue técnico y riguroso. Por supuesto como él, que se prestó para posar con un libro que no contiene verdades judicialmente establecidas y armar un espectáculo nuevamente digno de campaña electoral, mientras De la Espriella exageraba una cara seria y mirada brava ante las cámaras. El libro, sobra decirlo, entra igualmente en la batalla cultural al disputar la palabra “verdad” y apropiarse de la carga simbólica que adquirió gracias al trabajo, ese sí técnico y riguroso, de la Comisión de la Verdad.

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