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Remar por la paz (y hacia la guerra)

21 de septiembre de 2026 - 12:05 a. m.

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Reapareció el expresidente Juan Manuel Santos en la Universidad Javeriana con una especie de performance: inspirado en la hinchada del equipo de fútbol de Noruega durante el pasado Mundial, llamó a remar por la paz: “Entonces: uno, dos, tres”. Vamos.

Amable y divertido como siempre, sobra decir que el escenario real hoy en día es otro. El gobierno de turno tiene sus propios juegos, sus planes son diferentes. Y la lista es larga.

Van seis semanas de gobierno y De la Espriella ya nos metió en el Escudo de las Américas, con más águilas y halcones que cóndores. Miami presente.

Ya están autorizadas las operaciones militares conjuntas con Estados Unidos en territorio colombiano, sin que el Congreso se dé por enterado. Y no pasa nada.

El Centro Nacional de Memoria Histórica quedó en manos de un negacionista: “la narrativa del conflicto armado”, dijo alguna vez su director, D’Mar Córdoba Salamanca.

Era inevitable la legitimación de la presencia del mando militar de Estados Unidos encargado de América Latina y el Caribe, ahora con sus helicópteros sobre Tumaco como si se tratara de un safari aéreo por tierras terroristas. Viene más de lo mismo. Los del Comando Sur bombardean lanchas y lo transmiten con felicidad adolescente de video juego.

El intento de reabrir la aspersión aérea de cultivos de coca, sustituyendo el glifosato por glufosinato de amonio, tampoco extraña. Una forma de sortear las restricciones que la Corte Constitucional le impuso al uso del glifosato por sus riesgos para la salud, el ambiente y las comunidades. Cambia el herbicida, el veneno, pero no la lógica: fumigar decenas de hectáreas para erradicar una sola. Se reafirma, eso sí, la pulsión ecocida, la guerra contra la tierra y quienes la habitan en las zonas que el Comando Sur considera exterminables. Firmes por la Patria.

Las mesas de diálogo con grupos armados fueron cerradas, salvo por las que lleven a las negociaciones tras bambalinas que sí supo promover el tan admirado Nayib Bukele en El Salvador de las mega cárceles. Cualquiera sea la responsabilidad de la fallida política de la Paz Total de la administración anterior, era igualmente esperable que esta sería la receta.

Además del mango bajito y muy diciente del talante de la cosa: flexibilización del porte de armas. Un bombón para los Patriotas. Pero hay más.

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Los recursos destinados a la reincorporación de excombatientes fueron bloqueados. Como también se reduce el presupuesto hasta llevar a la Unidad de Búsqueda a advertir que peligra el futuro de la búsqueda de los desaparecidos. Estamos hablando de 137 mil personas, según datos oficiales. Ya entrados en gastos y excesos, también se le quieren cortar las alas a la Jurisdicción Especial para la Paz. Sin suficiente financiación para la JEP, caduca el sistema de protección de víctimas y testigos y nos acercamos al cierre e inoperancia de sus sedes.

No había que hacer trizas la JEP como quería Uribe y lo intentó Duque. Bastaría asfixiarla.

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Al expresidente Santos el auditorio bogotano le copió el gesto de los brazos que empujan de adelante hacia atrás, acompañados de la palabra “paz”, repetida varias veces. Vamos por una causa “no solamente nacional sino mundial”. Una coreografía pegajosa y ocurrente. Tan inspiradora como tardía. Además de inútil.

Los civilizados vikingos con los que sueña el expresidente Santos no manejan la barca. Más bien desembarcaron.

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