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En un momento en que el mundo se ve sacudido por conflictos armados que emergen y se consolidan a escala global, mirar hacia los efectos que estos tienen sobre la naturaleza podría parecer secundario. Sin embargo, la ciencia ha demostrado que los ecosistemas no solo sufren impactos irreparables, sino que también son capaces de adaptarse y, en ocasiones, de resistir.
En la más reciente edición del Festival Internacional de Cine Ambiental Planet On, en Bogotá, se presentó una película ucraniana que aborda desde la ficción los estragos de la guerra con una mirada inédita: la de los animales. “Animals in War” retrata a esos otros testigos silenciosos de lo que ocurre cuando un territorio es invadido y cuando lo absurdo de la violencia traspasa la ficción para apoderarse de las vidas humanas y no humanas.
También desde Ucrania, el documental “Checkpoint” ofrece una mirada conmovedora al interior de los zoológicos y a lo que ocurre allí durante los conflictos armados. Es una tragedia que nos enfrenta a dos realidades: la incapacidad humana de proteger la vida de otras especies en contextos de guerra y la necesidad de replantear la permanencia de animales en cautiverio con la excusa de educar o entretener.
Si bien ambos títulos parten del conflicto entre Rusia y Ucrania, las realidades que retratan no son exclusivas ni ajenas a otros territorios. Este tipo de cine que confronta y conmueve nos recuerda que hay víctimas que no suelen contarse, aquellas que no tienen voz ni rostro humano. Un caso poco explorado en el cine, pero de enorme relevancia, es el de la guerra de Vietnam.
La utilización del Agente Naranja por parte de Estados Unidos devastó la flora y fauna del país, un impacto ambiental cuyas consecuencias aún persisten.
En África, durante la guerra civil de Mozambique (1977–1992), investigadores identificaron un fenómeno único: la rápida evolución genética de los elefantes. Las hembras que sobrevivieron a la caza indiscriminada por su marfil transmitieron una mutación a sus crías, dando origen a una generación de elefantes sin colmillos. La naturaleza, una vez más, respondió al horror humano.
Desde un país como Colombia, que ha vivido los infames efectos de la violencia armada, resulta necesario ampliar la mirada hacia esas otras víctimas. Usar la cultura —y en especial el cine— como herramienta de memoria y reflexión es urgente para garantizar la no repetición de actos que, además de destruir vidas humanas, aceleran la pérdida de biodiversidad y ponen en riesgo nuestro futuro común.
Norma Cuadros González es investigadora y asesora en sostenibilidad para las industrias creativas. Dirige Planet On y adelanta un doctorado en política cultural y medios en la Universidad de Warwick, donde estudia la sostenibilidad de la producción audiovisual global desde una perspectiva de género
