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Envidia de la buena

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Olga Lucía Barona
14 de diciembre de 2009 - 02:46 a. m.
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Es el sentimiento que despierta la buena campaña y la clasificación a la gran final del rentado colombiano del Atlético Huila, un equipo que equívocamente denominamos chico. Ya quisieran (quisiéramos) muchos en Colombia estar hoy celebrando como los opitas, que así, calladamente, con un técnico de la casa y con un nómina modesta, logró demostrar que el trabajo vale más que los pergaminos históricos.

En el torneo Todos contra Todos, cuando el Huila empezó siendo protagonista, se esperaba que se cayera rápidamente. Se escuchaba, incluso, decir que la gasolina no le iba a durar mucho. Pero se clasificó para los cuadrangulares de tercero, con 30 puntos, ocho menos que el Medellín, primero. En el sorteo de los cuadrangular y al quedar ubicado junto a Santa Fe, Nacional y Tolima, también se escucharon voces afirmando que era, sin duda, el rival a vencer. Pero el Huilita —así llamamos a los equipos chicos— le sacó el miércoles un triunfo de oro al Nacional en su propia casa. Y ayer, en una demostración de madurez, sentenció la suerte de los santafereños.

Y nuevamente, para la serie final, ahora se dirá que Medellín es el favorito, porque fue el mejor de todo el campeonato y porque la plantilla es muy superior. Pero amanecerá y veremos, porque lo que sí realmente se ganó el Huilita fue el respeto. Está en la final y punto. Sin dudas, sin amaños. Ayer se dio el lujo de dejar por fuera a un equipo como Santa Fe, que llegó con el ímpetu de ser el campeón de la Copa Colombia y una vez más dejó a sus hinchas viendo un chispero. Le ganó con autoridad y dejó en el ambiente la sensación de envidia, buena para unos, mala para otros.

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