Se eligió presidente sin que hubiera habido debates en televisión. Lástima. Esa costumbre comenzó en los EE. UU. cuando se enfrentaron John Kennedy y Richard Nixon en 1960. Este se desempeñaba como vicepresidente de Eisenhower y se enfrentaba a un joven senador de Massachusetts (43 años) sin mayores méritos para llegar a la Casa Blanca. Era la primera vez que se mostraban cara a cara dos aspirantes presidenciales y el gran debate giró alrededor del gobierno comunista de Fidel Castro en Cuba. Los setenta millones de televidentes vieron a un Nixon débil a causa de una reciente enfermedad, sudando copiosamente y con apariencia de cansancio. Por el contrario, Kennedy proyectaba una fresca serenidad que se reflejó en aumento de su popularidad en las encuestas.
Nixon era un hábil político que fue ocho años vicepresidente, pero tuvo el error de aceptar el duelo en televisión. Sin embargo, las dos campañas mostraban, como se dice hoy, un empate técnico, tanto que el martes de elecciones el pueblo norteamericano se fue a dormir sin saber a quién había elegido. El amplio margen que obtuvo Kennedy en el Colegio Electoral, 303 votos contra 219, no reflejó el escaso margen que logró en varios estados claves.
Nixon jamás aceptó que su derrota se debió a la mala imagen que proyectó en la televisión sino, según su criterio, a las manipulaciones de Kennedy respecto a Cuba lo que le dio la victoria. La persistencia llevó a Nixon a ser elegido en 1968, reelegido cuatro años después y en 1974 le tocó renunciar, siendo el único mandatario que lo ha hecho.
¿Qué habría pasado en Colombia si los candidatos se hubieran enfrentado en televisión? De pronto las elecciones habrían sido de Otro Nivel. Y aquí seguimos con los mismos temas de hace setenta años, Cuba y los comunistas.