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“El hijo del hombre”

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Óscar Alarcón
31 de marzo de 2026 - 05:05 a. m.
“El hijo del hombre”
Foto: Archivo Particular
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Gracias al libro de Juan Esteban Constaín, El hijo del hombre (Debate), me enteré de que Jesús no nació en el año uno de nuestra era sino en el año 4. Eso mismo pasa, cuenta el ilustrado autor, con otros hechos que refieren los evangelistas porque esos no son textos históricos o biográficos. Igual pasa con la fecha de la última cena y la crucifixión de Cristo, en cuyo debate intervino el propio papa Joseph Ratzinger. Relata Constaín que, de acuerdo con el calendario Juliano, la pasión del Señor solo pudo ser el 3 de abril del año 33 o el 23 de abril del 34, aunque él se inclina por la segunda. Igual se discute cuándo fue la Pascua, y concluye que fue el viernes cuando se despidió de los apóstoles.

¿Y qué se sirvió en la última cena? Pan ácimo, olivas, hierbas amargas, un estofado de legumbres, pollo, “pez de San Pedro” que es una tilapia del mar de Galilea y, por supuesto, vino, mucho vino. ¿Y quién pagaría la cuenta? Nos preguntamos nosotros.

Todas las anteriores fechas comenzaron a precisarse en el año 45 antes de Cristo (¿?) cuando César dio inicio al calendario que llevó su nombre, el “calendario Juliano”. En la estructura fundamental la anualidad pasó de 353 días a 365, para lo cual tuvo que jugar con el tiempo. El año, como lo conocemos hoy, se estableció por el papa Gregorio en febrero de 1582 con su famosa bula Inter Gravissimas. Allí suprimió de un tajo varios días del calendario para poder arreglar el desface de la Pascua. Todos estos datos los trata con sapiencia el autor.

En su ilustrísimo libro —que también se refiere los orígenes de Grecia, Roma y al nacimiento del cristianismo—, Constaín exculpa a Judas porque afirma que Cristo tenía un destino, una misión que solo pudo consumarse cuando fuera crucificado, para lo cual necesitaba un apóstol que cumpliera el ingrato papel de deslealtad.

Un excelente libro de un joven sabio de Popayán, como lo es Constaín, sobre todo para leer en estos días de recogimiento y oración. Por lo demás, sirve para olvidar los temas políticos de presidentes y vicepresidentes, a pesar de que entre nosotros hay un Cristo que se entregó antes del Viernes Santo.

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