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4 Jan 2022 - 5:00 a. m.

“El infinito en un junco”

Para mí el libro del año que acaba de concluir fue El infinito en un junco, de la española Irene Vallejo, quien asistirá al Hay Festival de Cartagena a finales de este mes. Es una obra hermosa, bien escrita, llena de un sinnúmero de datos y anécdotas sobre la invención de los libros y las bibliotecas en el mundo antiguo. Es tan bueno el trabajo que fue galardonado con el Premio de las Letras Aragonesas.

Llaman la atención en esta joven (nacida en 1979) la profundidad, la investigación y el conocimiento del tema. Se remonta a los papiros y nos cuenta que en el tercer milenio antes de Cristo los egipcios descubrieron que con aquellos juncos (planta de la familia de las juncáceas, de tallos rígidos, lisos, sin hojas y terminados en una punta aguda, que se cría en sitios húmedos) podían fabricar hojas para la escritura y en el primer milenio ya habían extendido su hallazgo a los pueblos del Oriente próximo.

Relata Vallejo que desde los primeros siglos de la escritura hasta la Edad Media la norma era leer en voz alta, para uno mismo o para otros, y los escritores pronunciaban las frases a medida que escribían, escuchando así su musicalidad. Los libros no eran una canción que se cantaba con la mente, como ahora, sino una melodía que saltaba los labios y sonaba en voz alta.

En el siglo VI también antes de Cristo nació la prosa y con ella los escritores propiamente dichos, que ya no construían sus obras en los misteriosos pasadizos de la memoria, sino que se sentaban a trazar letras en tablillas o papiros.

Toda esa historia, contada con una belleza poética, ha hecho de este libro uno de los más vendidos en los últimos seis meses, tanto que nuestra Librería Nacional, que durante 80 años nos ha ofrecido cualquier cantidad de obras, hizo una coedición con Debolsillo —la impresora original— para ofrecer a sus clientes un homenaje como lo merecen quienes aman los libros, por ser parte de sus vidas.

Los pesimistas que anuncian el fin de los libros impresos bien deben remontarse al junco para valorar lo que no ofrece la modernidad, que es solo pantalla.

Y mientras tanto en la DIAN nos aplican la tributación con su director, que es un Junco.

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