Quienes pensaban que los días de Álvaro Uribe en política habían terminado, estaban equivocados. El expresidente se la jugó el 20 de julio logrando derrotar al candidato del presidente electo a la Presidencia del Senado. Y lo hizo patrocinando una coalición del Centro Democrático con el Pacto Histórico”. ¡Quién lo creyera! El debut parlamentario del nuevo gobierno comenzó y no le fue muy bien. El colmo del optimismo es que los “gomelos” –los nietos de Laureano Gómez- pretendían, con solo cuatro senadores, buscar, con Enrique Gómez, la presidencia del Senado creyendo que estaban en los tiempos de la “acción intrépida”, el “atentado personal” y hacer invivible la república. La verdad es que ese minúsculo sector llegó al Congreso con pocos votos, casi en el límite de perder su personería. Al darse cuenta, a tiempo, que no iban a ninguna parte, se sumaron a Alfredo Deluque, pero no contaban con la astucia de Álvaro Uribe, que no ha sido jamás santo de mi devoción.
Al final la disputa se limitó a dos guajiros: Alfredo Deluque, el derrotado, que es de Riohacha, y el elegido, Honorio Henríquez Pinedo, también de la región y nieto del tan recordado cacique wayúu, Miguel Pinedo Barros. Por algo dicen en esas tierras que, en pelea de guajiros, el muerto es samario. Afortunadamente, aquí no hubo ni duelo.
No le pusieron la raya al Tigre y las avispas africanas de Uribe picaron a más de uno ante la mirada de sorpresa del presidente De la Espriella. Si la coalición del 20 de julio sigue operando, es posible que la hinchazón se refleje en actos como la elección en próximos días del nuevo contralor general de la República, para lo cual el viejo Congreso dejó diez candidatos, aspiración que no se sabe si la respeten.
Todo gobierno, cuando comienza, tiene todas las de ganar y, en esta oportunidad, las abejas picaron primero. Nadie se lo imaginaba.