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21 Jun 2016 - 2:00 a. m.

El “turco” Gabriel Turbay

Colombia no es un país de inmigrantes, con excepción de la Costa Atlántica.

Por eso llama la atención que una nación vecina, como el Perú, hubiera elegido presidente en 1992 a un descendiente de japoneses, Alberto Fujimori, y años después su hija, Keiko, se enfrentara a uno de ascendencia alemana, Pedro Pablo Kuczynski, quien le ganó, a pesar de que habla mejor el inglés que el español y cuyo apellido aún no aprenden a pronunciar correctamente los peruanos.

En Colombia, por el contrario, solo hemos tenido un presidente de ascendencia siriolibanesa, Julio Cesar Turbay Ayala, a quien por estos días le celebran el centenario de su nacimiento. Y hace un poco más de 60 años otro con el mismo apellido, pero sin ninguna clase de parentesco, Gabriel Turbay Abunader, fue candidato, y como no le vieron ninguna tacha lo atacaban llamándolo “turco”.

Gabriel Turbay, de Bucaramanga, fue de los mejores oradores de su tiempo, ministro de Gobierno de Olaya Herrera, embajador en la Sociedad de Naciones y en Washington, varios veces miembro de la Dirección Liberal y finalmente canciller de López Pumarejo. Fue de malas. Cuando le correspondía el turno para aspirar a la Presidencia —eso era usual en esa época—, López Pumarejo se lanzó a la reelección. Y luego, cuando por trayectoria le tocaba, el liberalismo se dividió con la candidatura de Jorge Eliécer Gaitán. Ganó el conservador Mariano Ospina Pérez, pero Turbay obtuvo la segunda votación.

El maestro Héctor Osuna, hoy en la gloria de sus 80 años, recordaba hace unos días la muerte de Gabriel Turbay al ver un periódico original de la época, del 17 de noviembre de 1947, que registraba el hecho ocurrido en un hotel de París. Ahí quedó su cadáver, solo, abandonado y decepcionado de un país que lo rechazó por “turco”.

A propósito, cuando se habla de “turco”, hay mucha tela de donde cortar.

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