Las relaciones del Estado colombiano con la Iglesia Católica han sido siempre de respeto y adhesión, no así a partir de la Constitución de 1991 puesto que algunos lo consideran un Estado laico. Hagamos un repaso: la Constitución de 1821, dijo: “En nombre de Dios, autor y legislador del universo”. La Constitución de 1830: “La religión católica, apostólica, romana es la religión de la República”. La de 1832: “En nombre de Dios, autor y supremo legislador del universo”. La de 1843: “En nombre de Dios padre, hijo y espíritu santo”. La de 1853: “En nombre de Dios legislador del universo y por autoridad del pueblo”. La de 1858: “Bajo la protección de Dios omnipotente, autor y supremo legislador del universo”. La de 1863, fue la única que no mencionó a Dios: “En nombre y por autorización y de los estados que representa”. La de 1886: “En nombre de Dios, fuente suprema de toda autoridad”.
Más laica que las anteriores ha sido la Constitución o ley fundamental del Estado de la Ciudad del Vaticano del 7 de junio de 1929, suscrita por el Papa Pio XI, que dice, sin invocar a Dios: “Por nuestra iniciativa y a ciencia cierta, en plenitud de nuestra autoridad soberana, hemos ordenado y ordenamos que se observe como ley del Estado lo siguiente”.
En la hegemonía conservadora los obispos y arzobispos escogían a los presidentes y daban la orden a su feligresía para que votaran por ellos. Así se eligió a José Vicente Concha, Marco Fidel Suárez, Pedro Nel Ospina y Miguel Abadía Méndez. Y aseguraban que votar por liberales era pecado, pero a partir de 1930 los liberales lograron elegir a Enrique Olaya Herrera, Alfonso López Pumarejo y a Eduardo Santos. En el gobierno conservador de Laureano Gómez hubo un ministro, Luis Ignacio Andrade, que hizo tantas travesuras que como no tenía cura se volvió sacerdote y se bautizó como Fray Anselmo de Santa Quiteria. Así quizá pudo llegar al reino de los cielos.
Con la Constitución de 1991 nos volvimos un Estado laico, a pesar de que al expedirla invocamos la protección de Dios. De todas maneras, eso se está desconociendo en algunos sectores del actual gobierno, como ya lo han denunciado.
Es que somos más papistas que el papa.