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La “ley del talión”

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En los años del llamado Estatuto de Seguridad (gobierno de Turbay Ayala y del general Luis Carlos Camacho Leyva), se recomendó a los colombianos defenderse con sus propias armas. Esa sugerencia dio lugar para que el entonces director de este periódico, don Guillermo Cano, escribiera una nota editorial que aparece reproducida en su libro Tinta Indeleble (página 520) que tituló “Ojo por ojo”. El recordado maestro se refería a la teoría que entonces lanzaron ese par de gobernantes a propósito de si los detenidos habían violado los derechos humanos a las personas secuestradas o asesinadas, “el gobierno puede hacer lo propio con ellos”, decían. Eso, afirmaba Cano, se conocía en los albores de la humanidad como la “ley del talión” que consistía en castigar de manera idéntica al daño cometido, lo cual traducido en otras palabras quiere decir “ojo por ojo y diente por diente”.

La concepción de la pena, en esos términos, ha venido variando hasta el punto de que lo que se busca es no una venganza para el delincuente, sino rehabilitarlo para su beneficio y el de la sociedad. Eso es totalmente contrario a lo que propugnaba el gobierno de entonces. Lo que se dice ahora no solo equivale a lo mismo, sino que es peor. No es de buen recibo ver al presidente de la República portando arma al cinto y casi invitando a sus copartidarios a hacer lo propio. Las autoridades de la República, según nuestra Constitución y nuestras leyes, están instituidas para proteger a todas las personas en su vida, honra y bienes, pero no significa que lo haga la autoridad misma en su persona, en actitud amenazante, exhibiendo el arma con que supuestamente pretende garantizar el orden.

La “ley del talión” se abolió hace muchos siglos y en los tiempos modernos no está dado revivirla.

¡Cómo es de importante desempolvar el pensamiento y los criterios democráticos que nos enseñó nuestro inolvidable maestro Guillermo Cano!

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