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24 May 2022 - 5:30 a. m.

Las “jugaditas”

La Ley de Garantías y otras “jugaditas”, que estimulan y promueven tanto el Gobierno como el Congreso, no son nuevas entre nosotros. Al presidente José Eusebio Otálora le hicieron varias, como cuando ordenó una obra en el atrio de la Catedral, para evitar que las artesas de piedra se llenaran cada vez que llovía. La oposición consideró que el gasto era ilegal, porque el atrio era parte integrante de la Iglesia y la nación no debía hacer erogaciones en terreno ajeno.

Pero eso no fue nada. Por un error de imprenta, aparecido en el informe del Congreso, se registró equivocadamente que la línea telegráfica construida entre Bogotá y Tunja media 80 leguas de extensión, cuando lo correcto eran 33, o sea, 165 kilómetros. Los congresistas comenzaron a hablar de “negociado” y el contratista se ganó el apodo de “tragaleguas”. Designaron una comisión para que midiera sobre el terreno lo que todo el mundo sabía y que hoy nadie ignora: la distancia entre Bogotá y Tunja.

Otra fue la compra que hizo el Gobierno a don Salómón Koppel de un landó con dos caballos de raza normanda, dos juegos de arneses de lujo y dos libreas completas, todo por la suma de 4.000 pesos en plata, que con el descuento del 30 % equivalía a 2.800 pesos en oro, pagaderos en cuotas semestrales de 500 pesos, con el aditamento de que en el negocio entraba el negro postillón de Jamaica, comprometido a servir mediante el sueldo mensual de 16 pesos más los alimentos.

La compra la hizo Otálora para que “por decoro nacional” la Presidencia tuviera un coche de tracción animal propio, en vez de alquilar cada vez que se requería. A pesar de que se comprobó que la partida correspondiente estaba en el presupuesto, la oposición pidió que se esclareciera el punto de si el coche “se debe considerar como mueble, como semoviente o con ambas denominaciones, puesto que en el contrato se hace mención de dos caballos que ponen el vehículo en movimiento”.

Los de la “jugadita” fueron los congresistas de la oposición, que se la “montaron” a Otálora. Tanto lo criticaron, que a los pocos días de hacer dejación de la jefatura del Estado falleció de pena moral el 8 de mayo de 1884.

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