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21 Dec 2021 - 5:30 a. m.

Los caballos y el “mico”

Macrolingotes

El 7 de mayo de 1888 —en pleno gobierno de la Regeneración—, el gobernador del Cauca, Juan de Dios Ulloa, le informó al ministro de Gobierno, Carlos Holguín, que en Palmira y Pradera estaban degollando caballos. Después de una “exhaustiva investigación” —que entonces también se realizaban— se tramitó en el Consejo Nacional Legislativo la que se convirtió en la Ley 61, que facultaba al Poder Ejecutivo para prevenir y reprimir, sin formalidad alguna, los delitos y las culpas contra el Estado, valiéndose para ello del confinamiento, la expulsión del territorio, la prisión y la pérdida de derechos políticos por el tiempo que fuere necesario.

¿Qué tenía lo anterior que ver con la muerte de caballos? Pues el Gobierno de la época lo asimiló y gracias a esa legislación aplicó las primeras disposiciones contra la libertad de prensa. Este periódico, que nació sobre las cenizas de la Constitución de 1863, fue víctima de esa mordaza y su director y fundador, Fidel Cano —bisabuelo, homónimo y antecesor de quien hoy nos dirige— escribió un editorial bautizándola como la Ley de los Caballos, lo que significó, por supuesto, que el Gobierno decretara el cierre de El Espectador.

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