Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella irán a la segunda vuelta, con votaciones que no mostraban las encuestas, ni tampoco los pronósticos electorales. Al primero se le daba por ganador y al segundo se preveía que llegaba con una votación menor a la que logró, pero jamás con la aceptación que consiguió.
Fue muy sorpresiva también la votación de Paloma Valencia, quien sacó mucho menos votos de los que tuvo en la consulta de marzo. Ella, tratando de incrementarla, buscó coalición con Juan Daniel Oviedo, de centro, con la esperanza de morigerar su condición de candidata de la derecha. Al comienzo tuvo resultados favorables en las encuestas, pero al insistir en la paternidad de su jefe (“Uribe es mi papá”), el apoyo que esperaba fue disminuyendo. La tapa de la olla fue cuando anunció que su “progenitor” iba a ser su ministro de Defensa en su Presidencia. Ahí sí comenzaron a volar los votos de Paloma y el tigre los recibió complacido. Además, en algunos sectores del Centro Democrático jamás vieron con buenos ojos a Oviedo, por ser gay. Los resultados desastrosos se vieron el domingo y a ella le tocó, tan pronto se dieron los resultados, reconocer la derrota y adherir a su “hermano” De la Espriella, quien también es “hijo” de Uribe, pero extraviado últimamente y recibido ahora como el hijo pródigo.
Tan pronto se dieron los resultados, el presidente Petro y el candidato Cepeda anunciaron que los desconocían. ¡Y quien dijo miedo! Eso se veía venir porque desde hace algunas semanas el jefe del Estado especulaba sobre el llamado código fuente del software de escrutinios. El registrador del Estado Civil, Hernán Penagos, ha tratado de hacer claridad sobre el hecho, pero el mandatario insiste en sus críticas igual que el candidato Cepeda.
¿En que terminará todo esto cuando faltan tres semanas para la segunda vuelta? Además, en política, como sostuvo Olaya Herrera en su época, los traidores son muy leales.