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A propósito del cambio de la sede presidencial, se ha especulado mucho diciendo que el presidente Rafael Núñez despachó desde Cartagena. Eso es falso. El hombre del Cabrero, si bien fue elegido cuatro veces a la Presidencia, no le gustaba el manejo del Gobierno sino el chisme y la actividad política. Desde Cartagena jamás expidió un acto administrativo porque esa labor se la dejaba a sus segundos de a bordo. Prácticamente gobernó él solo cuando el período era de dos años y comenzaba su carrera política. Entonces regía la Constitución de 1863 que él mismo derogó desde el balcón de Palacio, luego de la batalla de la Humareda. Convocó y nombró a los miembros el Consejo Nacional de Delegatarios para tramitar la Constitución de 1886 que recogió parte de su pensamiento político, aunque la verdad es que predominaron los postulados de Miguel Antonio Caro. Se especula que esas fueron las razones que tuvo para abstenerse de sancionarla, dejándole el honor al designado José María Campo Serrano.
Esa Carta elevó el período presidencial a seis años y solo podía ser reelegido si se retiraba del gobierno dieciocho meses anteriores a la nueva elección. De esa manera pudo seguir siendo jefe del Estado por períodos cortos dejando encargado a vicepresidentes y designados mientras él se quedaba en Cartagena balanceándose en su mecedor y escribiendo editoriales para “El Porvenir”, un periódico de la ciudad. Gracias a esa ausencia de poder ejercieron sus segundos, Clímaco Calderón, José Eusebio Otálora, Ezequiel Hurtado, José María Campo Serrano, Eliseo Payán, Carlos Holguín, Miguel Antonio Caro, Antonio B. Cuervo, Guillermo Quintero Calderón y José Manuel Marroquín, con algunos de los cuales tuvo diferencias.
Luego no es cierto que Rafael Núñez ejerciera desde Cartagena, y eso que no era Echandía quien se preguntaba ¿y el poder para qué?
