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Otro terremoto en Caracas

Óscar Alarcón

21 de julio de 2026 - 12:05 a. m.

Hace 59 años en Caracas también tembló y la tierra hizo boom. Se iba a celebrar a comienzos de agosto de 1967 el Congreso Internacional de Literatura Iberoamericana que congregaba en esa ciudad a lo más representativo de nuestra intelectualidad y, además, se le iba a entregar el Premio Rómulo Gallegos a Mario Vargas Llosa por su novela La casa verde. Uno de los muchos invitados era el intelectual uruguayo, Emir Rodríguez Monegal, director de la revista Mundo Nuevo, órgano de difusión del llamado boom latinoamericano de novela. Precisamente el mismo Rodríguez publicó en el número de noviembre de ese año una larga crónica sobre el terremoto y el evento literario. Relata que el sábado 29 de julio, cinco minutos después de las ocho de la noche, entrando a la ciudad, de regreso del aeropuerto, el auto conducido por una amiga venezolana comenzó a corcovear y vieron cómo un edificio se balanceaba. Era el inicio de una tragedia que según cálculos de la época dejó unas 20.000 víctimas y, como ahora, varios edificios destruidos.

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Se especulaba con que el evento literario se iba a suspender, a pesar de que ya habían llegado a la ciudad las dos estrellas del momento, Vargas Llosa –el premiado con 20.000 dólares—y el colombiano García Márquez, quien acababa de publicar su novela, Cien años de soledad, obra que se agotó a los pocos días de aparecida la primera edición. Ellos no se conocían, pero sí se carteaban desde hacía algunos meses.

Entonces Vargas Llosa era más conocido que el colombiano, quien por aquella época hacía alarde de su adhesión a la revolución cubana, razón por la cual se preocupaba por la presencia del presidente Leone en la entrega del galardón, porque ello se iba a interpretar como una traición a Fidel. Desde entonces se volvieron grandes amigos, a pesar de que el peruano se volvió de derecha y Gabo defensor de Cuba. Cincuenta años después –consagrados ambos—, Mario le propinó en un teatro de México un gancho certero a su admirado amigo que puso fin a una amistad que comenzó con un terremoto y terminó con un temblor en el rostro del colombiano. ¡Temblaron las letras!

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