Con la muerte de Plinio Apuleyo Mendoza se puede decir que se fue uno de los mejores prosistas de nuestro tiempo. Miembro de una familia que creció con olor a tinta iniciada por su padre, Plinio Mendoza Neira, quien además hizo política en Boyacá en los años en que ser liberal equivalía a enfrentarse a las huestes conservadores de la región. Mendoza Neira fue senador, ministro de Guerra y contralor general de la República. Además, su pasión por el periodismo inclinó a sus hijos Elvira, Soledad, Consuelo y Plinio para ser excelentes editores. Cuando Felipe López revivió la revista Semana, llamó a Plinio para que la dirigiera por unos meses.
Fue Plinio Apuleyo uno de los mejores amigos de García Márquez desde los lejanos tiempos en que el Nobel era feliz e indocumentado en París y Caracas. En los inicios de la revolución cubana fueron periodistas de la agencia Prensa Latina en Nueva York, pero el régimen de la isla comenzó a distanciarlos. Después, cuando Mendoza publicó su libro La llama y el hielo, Gabó consideró que su amigo y compadre había revelado algunos hechos y detalles que debían permanecer secretos entre ellos. A pesar de las circunstancias, la admiración de los dos se mantuvo, Plinio siguió siendo defensor de regímenes de derecha y Gabo continuó con la amistad de Fidel Castro.
Qué prosa tan extraordinaria la de Plinio; qué gran novela la suya, como Años de fuga; qué descripciones tan bellas como de los inviernos y veranos de París; qué buen relato del bogotazo cuando mataron a Gaitán, quien iba acompañado de su padre el 9 de abril.
No pude verlo en los últimos días de su vida cuando su mente se quedó congelada en los años en que vivió en Europa y también en Barranquilla, cuando convivió con Marvel Moreno, la escritora de esa hermosa novela En diciembre llegaban la brisas...
Se nos fue Plinio Apuleyo con su conservatismo visceral, que no demerita su condición de excelente prosista.