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No es causalidad que regrese el terror justo cuando la posibilidad de un cambio político significativo se hace presente en Colombia y en el resto de las Américas. ‘Crece el horror,’ titula el editorial de este periódico. Es justo saludar el compromiso con la verdad y la valentía de este medio justo cuando tantos protagonistas de nuestra esfera pública claudican en su tarea de decir verdad, prefieren hacer eco a la versión oficial o guardan silencio, y cuando se ven obligados a romperlo repiten los lugares comunes: apoyo irrestricto, la indagación, y ‘el respeto riguroso a los DD. HH.’ como norte - un horizonte que tan solo divisan a cómoda distancia.
En tal sentido, las tardías declaraciones de Federico Gutiérrez y los enjuiciamientos de Enrique Gómez son inaceptables. En apariencia piden precisión. Pero cabe distinguir entre dos formas. De una parte, la precisión pedante que juzga el caso como una anomalía particular y lo subsume bajo el conocido refrán de las ‘manzanas podridas,’ los llamados a indagaciones que nunca tendrán lugar o conclusión significativa, y cierran con manifestaciones de apoyo que no lo son pues en verdad minan la confianza ciudadana en las instituciones. De la otra, una precisión que no solo hace visible lo ocurrido, sino que además lo pone en contacto con la realidad y que por ello ha sido denominada una precisión creativa. Quienes llaman a las cosas por su nombre, ‘una masacre de gente pobre en el Putumayo’, y reiteran que la justificación de la fuerza pública es la defensa de las libertades y los derechos, como lo han hecho este periódico y el candidato Gustavo Petro son quienes en verdad honran de manera creativa a nuestras instituciones y buscan fortalecer sus ejes en pro de la confianza pública. Por ello merecen la confianza y el voto ciudadano. Los otros, como Gutiérrez y Gómez, hacen evidente su pedantería y también revelan su voluntad de continuismo respecto del gobierno Duque. Por ello no merecen nuestro voto. Votar por ellos sería continuar minando nuestras instituciones como lo han venido haciendo Duque y sus compinches al negarse a responder o intentar callar a quienes presentan las evidencias precisas acerca de lo ocurrido en el Putumayo. ‘Cuantos más detalles conocemos sobre lo ocurrido en la vereda El Remanso … surgen interrogantes que el Ministerio de Defensa y el Ejercito Nacional necesitan responder,’ dice el editorial. Y añade que la actitud defensiva adoptada por las autoridades en el debate público ‘para silenciar cualquier crítica a lo ocurrido es una respuesta inadecuada a un escándalo que solo seguirá creciendo’.
La evidencia es clara. También lo son las conclusiones que este periódico ha expresado en forma por demás temperada y respetuosa. Aquí no cabe confusión alguna. ¿Qué hacer? El deber de todo ciudadano de este país que aun sienta cerca de su corazón un mínimo de dignidad y amor por este país es votar en mayo próximo por la opción que representa el cambio respecto de este gobierno. Y ello porque la mejor muestra de respeto y apoyo al Ejército y el buen nombre de nuestro país que acaba de ser mancillado nuevamente por parte de este gobierno en los escenarios y medios internacionales es, precisamente, sustraerlo de quienes quieren convertirlo en un instrumento genocida so pretexto de defenderlo. Son estos últimos los verdaderos enemigos del Ejército y de Colombia, no los críticos del actual presidente y su ministro de defensa, ni quienes dicen la verdad.
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