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Cacería de brujas

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Oscar Guardiola-Rivera
26 de abril de 2023 - 05:00 a. m.
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¿Deberíamos dejar de leer a Shakespeare porque su descripción de Shylock deja pocas dudas acerca de las opiniones prejuiciadas de su época, o las suyas propias? O, como discuten algunos en Inglaterra estos días, ¿sería mejor omitir ciertas referencias que pueden ser leídas como racistas o misóginas en las ediciones futuras de las novelas de Roald Dahl? También en Inglaterra, esta semana, a la parlamentaria Diane Abbott su partido, el Laborismo, le quitó el “whip”.

Es algo así como retirarla del objeto con el cual se mantiene la disciplina del partido al castigarla con el mismo, de modo que no podrá votar más en su nombre. La imagen del látigo y el castigo con azotes puede resultar contradictoria en el caso de Abbott. No solo porque es mujer, sino porque también es negra. Además, es de izquierdas. La razón del castigo es una carta mal escrita, muy mal escrita, en la que ella parece establecer una jerarquía entre diversas víctimas de racismo. Nadie defiende el contenido de la carta: establecer jerarquías entre víctimas de estructuras como el racismo o la misoginia es tan errado como hacer falsas equivalencias.

Ella misma se ha excusado, alegando que se trataba de un borrador mal escrito enviado por error a los medios. Su disculpa ha sido categórica y debe serlo. Aquí el contexto importa. Existe la sospecha de que en la política de este y otros países coexisten los prejuicios racistas o misóginos junto al intento de empuñar la defensa de identidades particulares como un arma que ataca de manera singular a representantes y voceros de la izquierda. ¿Puede haber prejuicios raciales o misóginos entre voceros de la izquierda? Sin duda.

¿Significa ello que la izquierda, o alguien más, deba iniciar juicios de cancelación y campañas de limpieza para limpiar sus filas y expulsar por siempre jamás a quienes se alega han manifestado tales prejuicios? En este caso, como sugiere el ejemplo de Diane Abbott, se corre el riesgo de que el remedio resulte igual o peor que la enfermedad. Como lo ha afirmado Ash Sarkar, periodista y editora del medio alternativo inglés Novara Media, lo primero que cabe decir es que la carta de Abbott “es indefensible, está equivocada y es factual e históricamente errada”.

No necesitamos que todas las clases de racismo u otros prejuicios y estructuras ideológicas sean iguales para que califiquen como tales. “Todos esperamos que se haya tratado de una torpeza, y que tras haber enviado la carta haya sentido vergüenza y arrepentimiento; y por supuesto, todos podemos cometer errores”, dijo Sarkar. Lejos de disculpar a Abbott, la periodista inglesa pone el dedo sobre la cuestión: no existen conductas irredimibles. Existen formas de traer a la luz la evidencia y corregir tales conductas, oportunidades para que las víctimas participen de tales procesos, y las opciones para hacerlos más consistentes y justos. Pero no hay conductas irredimibles.

Las campañas de limpieza, aunque parezcan moralmente correctas, no suelen ser justas. Mucho menos si el tribunal al que se apela es el de la opinión cuando los otros se han surtido o confirmado la inocencia del acusado, que es lo que suele ocurrir hoy con los juicios de cancelación que tienen lugar en los medios sociales del espacio público. Tales juicios no son críticos, asumen desde el comienzo la culpa del acusado o la extienden sin límite temporal, y apelan a la sensibilidad abstracta de la audiencia en detrimento de consideraciones prácticas. Se parecen más a las cacerías de brujas del siglo diecisiete. Para ser crítica una idea debe también ser práctica. Si no puedo traducir mi idea crítica o posición moral correcta al mundo de las relaciones reales, entonces no es lo suficientemente crítica.

No parece práctico para la izquierda o el progresismo liberal cancelar como si fuesen irredimibles, limpiar, y expulsar del espacio y los canales públicos o los medios de prensa a quienes mejor y más creativamente han sabido manejarlos para beneficio del progresismo y del público en general. Hacerlo tan solo beneficia a las derechas, los autoritarismos, y a los conservadurismos patriarcales que atacan a las figuras del progresismo, hombres y mujeres, sometiéndolos a seguimientos y vigilancia de por vida, a operaciones de limpieza, especialmente si se trata de periodistas de izquierda o lideresas políticas y sociales de color.

El caso de Abbott y la periodista Ash Sarkar tiene resonancias en Colombia. Atiéndase mejor a la ambivalencia de la palabra limpieza. En la historia reciente de nuestro país el vocablo ha terminado por referirse al exterminio de los más vulnerables, que no tienen medios para amplificar su voz o defenderse. Pero también posee un uso con una historia más larga y respetable: enfrentar el ataque de quienes pretenden cancelarnos, exiliarnos y desplazarnos de por vida con su cacería de brujas.

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Atenas(06773)26 de abril de 2023 - 11:37 a. m.
No sé, ese aire de sapiencia extrema con q’ opina, cual dómine, Guardio….la razón, a mi juicio, le resta peso y consistencia al debate en los asuntos q’ elige. Como en este caso, en el cual subyace la idea de q’ no obstante q’ la izquierda es dueña, ama y señora de la verdad revelada igual debe ser sometida a periódicas revisiones; mas, del otro lado, pa él está sobrentendido q’ todo cuanto concierna a lo q’ llama o considera de derecha es caso perdido. Y se hace confuso y pocos lo leen.
  • Atenas(06773)27 de abril de 2023 - 02:20 p. m.
    A hoy, cabe preguntar ¿me equivoqué?
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