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Cartas y caretas

Oscar Guardiola-Rivera

14 de julio de 2021 - 12:05 a. m.

El paro no para. Ni los muertos por el para-estado ni las mentiras del estado paran.

Opinión
Foto: Opinión
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Hace unos días, los colombianos residentes fuera del país recibimos una carta firmada por la vicepresidenta a cargo del Ministerio de Relaciones Exteriores. Como en la imaginación de un adulto que imagina la imaginación de un niño, la supuesta autora de la misiva (de seguro escrita por interpuesta mano) nos imagina como niños y se enmascara. Pretende hacernos creer que se trataba del país de las maravillas y seguiría siéndolo si no fuese por el virus inhumano y los “vándalos” despojados en la misiva de cualquier humanidad.

Tomando el efecto por la causa, pretende engañarnos con el cuento de que el virus ha producido las circunstancias contra las cuales se alza el paro que no para para ocultar el hecho de que el virus simplemente ha desvelado las estructuras de pobreza provocada por las decisiones sociales y económicas de sucesivos gobiernos y quienes los financian. Que el virus se ha servido de ellas, y que por tanto no son simplemente naturales. Y porque no lo son, podemos responder al choque de estas fuerzas no simplemente naturales con otras innovaciones económicas, políticas, y sociales. Por ello el paro no para.

En eso consiste lo maravilloso, como dice el poeta. Lo demás es farsa. El intento de proyectar el poder y la responsabilidad propia hacia afuera, naturalizarlo para ocultar la propia incompetencia. O el negarse a aceptar que se han impuesto y se defienden estructuras sociales y políticas que causan muertes generalizadas. Un sistema de muerte. Esa negación generalizada constituye el marco de la carta de la ministra vice. Es también lo que tienen en común las reacciones de los gobiernos frente a las protestas, las de Colombia y Brasil tanto como las de Cuba.

Ese intento de desplazar la responsabilidad propia. Pero hasta aquí llegan las similitudes. Ya no pueden decirnos nuestras centristas, la vicepresidenta o la alcaidesa López, que cuando menos en nuestros países libres y democráticos si se puede hacer protesta sin temor a la desaparición o la muerte, al contrario de lo que sucedería en Cuba o en Venezuela.

Quienes protestan en Cuba, tienen en general buenas razones para hacerlo a pesar de la particular situación de la isla debida a las sanciones y el bloqueo impuesto por los Estados Unidos a lo largo de seis décadas. Esto último no exculpa a los responsables internos. Pero tampoco cabe confundir el llamado a establecer un “corredor humanitario” hecho por los mismos sectores que apoyan el bloqueo, con la solución a la escasez contra la cual protestan legítimamente los cubanos.

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Dicha solución pasa por el levantamiento del bloqueo y las incapacitantes sanciones. Lo demás es cinismo, negacionismo, e hipocresía. Los verdaderos demócratas en Colombia y los Estados Unidos podrían tan solo actuar de acuerdo con el reciente voto en la Asamblea General de las Naciones Unidas para poner fin a tales sanciones. Pero ya lo sabemos, los mismos que en Estados Unidos apoyan al régimen que en Colombia asesina a sus propios ciudadanos al tiempo acusan a países como Cuba de reprimir a los suyos y votan por la continuación del bloqueo. Luego parlotean el lenguaje humanitario.

Son cínicos, hipócritas, y negacionistas. Y no nos engañan al mentir en sus cartas y enmascararse. No son demócratas.

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