Un reciente ejemplo de posverdad es la noticia falsa que circuló en las redes de acuerdo con la cual Twitter habría decidido borrar la cuenta del Presidente electo de los Estados Unidos. El origen de la nota es un sitio en internet cuyo objeto es la farsa y la parodia.
La lección que resulta crucial en este caso no es tanto ni tan solo la muy importante cuestión acerca de nuestra capacidad para leer críticamente la información que circula en la esfera pública virtual, si somos incapaces de distinguir entre farsa, tragedia, comedia y la verdad, o el impacto de la aceleración causada por las nuevas tecnologías en la compleja pero importante diferencia entre la semejanza y la probabilidad.
Además, como observó el filósofo Lewis Gordon “lo que resulta aterrador acerca de esta página paródica en internet es cuanto revela acerca de la psique de alguien como Donald Trump”. La nota había iniciado una encendida discusión acerca de la Primera Enmienda de la constitución estadounidense y la libertad de expresión.
Partidarios del presidente electo cuyo juramento tendrá lugar esta semana inundaron las redes, como es su costumbre, con mensajes acerca de la manera como esta historia supuestamente demostraba que Trump era “víctima” de una persecución y un ataque por parte delos sectores liberales en la prensa y el establecimiento.
Dichos mensajes resonaban con los del propio Trump sugiriendo que los servicios de inteligencia habrían filtrado un reporte según el cual la inteligencia rusa estaría en posesión de un comprometedor dossier acerca de sus actividades sexuales.
En algún momento durante la semana anterior todos nos convertimos en extras y protagonistas de una versión actualizada del conocido filme The Manchurian Candidate. En ese momento la ficción adquirió la forma de un pliegue en el interior mismo de los hechos.
Gordon apuntó que las enmiendas tienen como objeto proteger los derechos de los ciudadanos para evitar que sean victima de las acciones y la arbitrariedad del gobierno, y que en este caso Trump seria a partir del 20 de enero el gobierno. “Este es uno de los problemas con la psicología del matón: que siempre se presenta a sí mismo como la víctima”.
Por supuesto es dable pensar que si una situación como la presentada por la historia falsa tuviese lugar, la libertad de expresión de Trump tendría tras de sí toda la fuerza y el peso de las instituciones del gobierno y de quienes le apoyan. El hecho de presentarse como la victima nos revela todo lo que necesitamos saber acerca su psicología tanto como del espíritu de la época actual: mientras los inocentes sufren, los matones se presentan como si fuesen ellos las víctimas.
En este caso es la farsa la que se encuentra del lado de la verdad, o al menos nos orienta al sugerir el reto al que nos enfrentamos.