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30 Nov 2022 - 5:05 a. m.

¿El hombre de Biden en Venezuela?

¿El hombre de Biden en Venezuela?

Se calcula que siete millones de personas han salido de Venezuela y hacen parte ahora de la crisis humanitaria que se agolpa en las fronteras de los Estados Unidos y otros países vecinos. Es casi un cuarto de la población del hermano país. Es casi la misma cifra de los desplazados internos por la violencia en Colombia, causados en su mayoría por el paramilitarismo y la paraestatalidad.

De los primeros se habla en las páginas del Wall Street Journal o The Economist. No así de los segundos. La desaparición del paramilitarismo colombiano en las páginas de dichos periódicos y otros medios debería ser un tema de análisis y reflexión. Sin embargo, brilla por su ausencia. ¿Dejaron de existir cuando se los rebautizó con el horroroso acrónimo bacrim? ¿Ya no siembran el terror entre las comunidades rurales y urbanas en Colombia, en particular entre mujeres y niñas?

A su paso por el Reino Unido, tres defensoras de derechos humanos nos han recordado que a pesar de la firma de los acuerdos de paz del 2016 el uso de la violencia sexual y de género para castigarlas y silenciarlas sigue siendo frecuente en Colombia. Su clamor es relevante hoy tanto como ayer no solo porque tiene lugar durante los 16 días de acción contra dicha violencia declarados por la comunidad internacional. También para hacer visible la hipocresía de quienes aún discuten si en Colombia se requiere un Ministerio de la Igualdad bajo el pretexto de que al hacerlo se malgastan los recursos. A estas personas no les preocupa ni la corrupción ni los recursos públicos. Sus hechos lo demuestran. Les preocupa que se hable de igualdad. Y que se creen instituciones para hacer algo al respecto. Les preocupa que ellas le recuerden al mundo que el paramilitarismo, el desplazamiento, y la violencia de derechas no han desparecido en la realidad de sus comunidades al desaparecer del Wall Street Journal (WSJ) y ciertos medios locales.

La otra cifra, en cambio, es citada por el WSJ para reafirmar en la mente de los lectores el miedo frente a lo que supuestamente pasa cuando “el socialismo” llega al poder. Así Venezuela nunca haya sido un país socialista, cuando mucho tuvo un gobierno que en el pasado declaraba su intención de aligerar los lazos de la acumulación y la dependencia petrolífera. Hoy está bien lejos de haberlo logrado. Así no exista posibilidad alguna de que los Estados Unidos de hoy llegue a ser remotamente socialista. Al contrario, la realidad hace evidente que el verdadero peligro que se cierne sobre los Estados Unidos es la violencia de derechas y la deriva protofascista de uno de sus partidos políticos. Como en Colombia.

“Dos décadas de socialismo han degradado la infraestructura petrolera y enviado al exilio el capital humano,” anuncia el periódico propiedad de la familia Murdoch. Al usar el término “capital humano,” que le parece preferible al más simple “humanos,” el WSJ permite preguntarnos si todos los siete millones cuentan o solo algunos de ellos. Y si las personas son valiosas por el solo hecho de ser personas, sin necesidad de calificativos.

Las Naciones Unidas y el resto de la comunidad internacional entienden que los acuerdos logrados en México la semana pasada buscan beneficiar a la mayoría de los venezolanos, a quienes más han afectado las sanciones unilaterales de la era Trump, y contribuir al afianzamiento de la democracia también para los opositores. El titular de la pieza en el WSJ lo dice todo: “El hombre de Biden en Venezuela”. Lo que importa es hacerle creer al lector que Biden apoya a socialistas y autócratas.

¿De verdad, es Maduro el hombre de Biden en Venezuela? Nos deben creer estúpidos. O nos tratan como tales. No contentos con producir nuestra pobreza, las plutocracias del planeta y sus medios parecen dirigidos a producir también nuestra miseria simbólica. Solo de esa manera votaríamos por el que diga Murdoch.

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