En El libro de la risa y el olvido, Kundera dice que “la única razón por la que la gente quiere ser dueña del futuro es para cambiar el pasado”. Explica que, cuando una gran potencia quiere privar a una pequeña de su autoconciencia y determinación, utiliza lo que llama “el método del olvido organizado”. Del mismo modo, en una pintura titulada Amnesia violenta, Óscar Murillo cuestiona hasta qué punto podemos confiar en la historia como guía moral dada la frecuencia con que se la visualiza, escribe, y juzga desde el punto de vista de aquellos que reclaman su superioridad como clase, cultura, o raza. Los empoderados y educados.
No nos piden que abandonemos la historia. Solo nos queda la historia para continuar el camino. Pero les gustaría que prestemos atención al hecho de que cosas como la “raza” o el mapa de una nación, que damos por sentado como reales a pesar de que son meras imaginerías, y elevamos al estatus de un trascendental (la patria) hasta el punto de morir o matar por ella, son en verdad simulaciones. Nombres como ‘negro’ o ‘indio’ son como los españoles e ingleses llamaron a los habitantes de las islas del Gran Caribe y el continente, y a quienes trajeron aquí para esclavizarlos. ¿Como se llamaban esas personas a sí mismas? En muchos casos no sabemos o se supone que no importa. Pues son como estatuas de mirto, al decir de un temprano observador europeo, que si el jardinero levanta la mano y las tijeras pronto pierden su “nueva forma y vuelven a la vieja brutalidad natural, convirtiéndose en un matorral.” El bosque que eran antes.
La implicación es clara. “Es necesario que el maestro de estas estatuas las atienda: en un momento, cortar lo que florece en sus ojos, para que puedan creer lo que no ven; en otro, arrancar de raíz lo que florece en sus oídos, para que no escuchen las fantasías de sus antepasados; en otro para cortar lo que florece en sus pies, para abstenerse de las acciones y hábitos bárbaros. Sólo de esta manera, trabajando en contra de la naturaleza del tronco y la disposición de las raíces, puede uno mantener estas plantas groseras en una forma antinatural”. No hay pasado, entonces. Tabula rasa.
Se trata de una historia completamente moderna que repite una historia mucho más antigua. La historia de los hombres y mujeres del campo y la foresta. Julio César ejemplificó dicho método e historia, descritos en el párrafo anterior por el hombre que Fernando Pessoa llamó ‘Emperador de la lengua portuguesa’ y una de figuras del barroco iberoamericano. Con característica elegancia, el primer emperador había señalado en su Guerras de las Galias que “no era seguro que Gran Bretaña existiera, hasta que fui allí”. ¿Para quién no era seguro? Lo que los paganos saben no cuenta. “Solo si César divino lo ve, Britannia puede gobernar las olas”, concluye Ursula Le Guin tras leer ese pasaje. Este método de olvido organizado se llama ocupación y descubrimiento. Solo si un europeo descubre o nombra eso, así sea de manera errónea, podría existir América. “Al menos Colón tuvo el ingenio, en su locura, de confundir a Venezuela con las afueras del Paraíso. Pero comentó sobre la disponibilidad de mano de obra esclava barata en el Paraíso,” dice.
¿No es ese el método que usa Rusia en Ucrania? El mismo que usa Europa en el este de Europa. El de América para los americanos. Y antes de ayer en Irak o Afganistán. El de Francia en Mali. Y Latinoamérica, que se deja colonizar desde fuera al tiempo que se coloniza. Unos acusan a otros de violar las normas y la moral. Pero todos siguen un guion parecido. Al menos Colón tuvo el ingenio de mostrar la verdad que los demás intentan ocultar: que hay mano de obra barata en el Paraíso.