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El puente y el escudo

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Oscar Guardiola-Rivera
11 de marzo de 2026 - 07:58 p. m.
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En enero de 2026, cuando la muerte cayó desde arriba sobre las calles de Caracas y Minneapolis, escuchamos en el discurso cotidiano que la peste y el fuego habían regresado a las Américas. Ello no debería habernos sorprendido. A fin de cuentas, la violencia y el terror son la forma en que la mayoría de nosotros hemos sido introducidos en la historia en esta parte del mundo. Por negación, como sus soldados de a pie, rebeldes o desviados. Desde 1492, nunca hubo encuentros honestos entre nuestro mundo y eso que hoy llaman occidente, los imperios en decadencia, como dice María Lugones.

No se nos permitió ser testigos del rostro humano antes de que la plaga del racismo y el fuego de la guerra lo deformaran. Esa plaga se ha entrelazado con nuestras biografías, la vida cotidiana una imitación de los espacios de muerte y la atmósfera del campo de batalla que se apoderó de las tierras de nuestra infancia. La violencia es mimética. Se da origen a sí misma y se propaga como una tempestad o un incendio forestal. Como si fuese magia o maldición. “No aprenderé su maldito lenguaje”, dijo el emperador a sus vasallos en estos días. “Nos han impuesto su lenguaje,” responden quienes no desean volver a la esclavitud en las Américas, “lo hemos aprendido y lo usaremos bien para maldecirlos.”

No podríamos escribir nuestros diarios de los años de la peste y el fuego sin reconocer esa peculiar rebeldía que ha organizado la vida de nuestras familias y nuestra vida interior en nombre de la ley, el orden y el dinero. Vaya palabra: rebeldía. Es lo que pasa al ser rechazado. Significa que al ser empujado a una soledad perversa, divorciado y aislado, uno se resiste, se separa de y se levanta en contra de aquello que nos empuja afuera. Nuestras vidas colectivas e interiores están organizadas por esa rebeldía. Dicho de otra manera, si la familia es la metáfora preferida por los discursos de la ley y el orden, entonces estábamos divorciados desde el principio.

Guetoizados en el barrio. Allí donde la peste y el fuego regresaron. En Buenos Aires y Santiago de Chile, en el mar Caribe donde el fuego divino disparado desde un portaviones ha matado a tantos. No solo en el sur. También en los Estados Unidos, en Minneapolis, en MexicUS, en los años anteriores, donde dicen, la peste fue traída, algunos decían desde el este; otros de occidente entre las mercancías transportadas por la flota mercante; otros dicen que proviene del resentimiento de hombres inferiores e impotentes que quieren llenar el mundo consigo mismos.

¿Ya es fascismo?, se preguntan algunos ¿Ya es imperio?, preguntan otros. Si es así, ¿cómo podemos sobrevivir?"

“Construyamos un puente”, respondió una mujer. Esa mujer, indígena, nos recuerda que somos hombres y mujeres “de todo tipo”: de Puerto Rico, del Caribe y de Colombia, “de las calles del centro de Chinatown, el barrio, las calles de la ciudad-Bronx”, de los barrios latinos de Seven Sisters y Elephant & Castle en Londres, " de las tranquilas aceras suburbanas, las llanuras y la reserva".

Este es un mundo “partido en dos”, una división que se siente natural e interna. Nacimos en esa dialéctica. Pero nuestras sociedades ya no buscan un dios externo que prometa la salvación. Buscan la liberación. Las explosiones sociales de 2019 y 2021 se sintieron como el final de una plaga. Tras la peste del covid, la gente salió a la calle y se enfrentó a la policía como si Lady Liberty hubiera salido del cuadro y se hubiera unido al Colectivo Las Tesis. Por fin, los largos años de terror, represión y guerra que han sido nuestra historia de vida parecían haber llegado a su fin en lugares como Colombia, Brasil o Chile. Nos sentíamos esperanzados, incluso optimistas. Ahora hay quienes desean prender fuego a todo el hemisferio, al mundo entero, una vez más. Ellos construyen un escudo. Los guerreros. Los conquistadores. Nosotros construiremos un puente. Con nuestros pueblos indígenas. Con nuestros pueblos negros, cafés y mestizos, trabajadores y trabajadoras. Con los jóvenes y las jóvenes. Con las mujeres de las Américas. Con todos aquellos que rechazan el regreso de la guerra y el mal llamado derecho de conquista. Construiremos un puente al futuro, “un puente llamado nuestras espaldas”, como dicen Cherríe Moraga y Gloria Anzaldúa.

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Norma Enríquez(12580)12 de marzo de 2026 - 08:24 p. m.
Que forma tan bella de describir el aterrador proceso que empezó con "el descubrimiento de América" y de cada etapa que "Occidente" fué plasmando con sus invasiones, en discriminación, genocidio y robo, no solo de la riqueza material, sino también del conocimiento, las culturas que esos bárbaros no podían entender hasta destruir la tierra, sus lagos y rios. Realmente hay que tender un puente que nos permita volver a encontrarnos y soñar juntos en que "un mundo mejor, mas humanos, es posible"!.
Atenas (06773)12 de marzo de 2026 - 01:18 p. m.
Ay, Guardió…..la razón, ¡como te haces a veces….. o casi siempre, confuso, profuso y difuso!Tantas vueltas pa hablar de lo q’ ya sabemos, tu inmarcesible bronca contra el capitalismo hoy asociado con D.Trump. No supiera uno de la fuerte corriente q’ subyacía hasta el gbno Biden a objeto de q’ la izquierda Inter/nal montase una nueva agenda global bajo otros preceptos ideológicos de progresismo, de género, lobby de LGBTQ+….y recursos o fondeo de G. Soros y otros “conspirativos”. Atenas
Camilo Rodríguez(27872)12 de marzo de 2026 - 12:31 p. m.
Un imperio en implosión
Juan Francisco Ruggiero Rodriguez(67605)12 de marzo de 2026 - 11:46 a. m.
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