Uno de los poetas más celebrados de la India, Javed Akhtar, se pregunta: “los objetos, la emoción, el pensamiento, y los sonidos que con acierto los introducen, dan noticia de su mensaje y nos lo dan a todos, las líneas sin forma que forma dan a los sonidos y los protegen, ¿quién juntó este clan?”. Es una de las más bellas provocaciones para volver a pensar: ¿qué es la democracia? En vez de domesticar su efervescencia práctica a una forma y procedimiento fijos de antemano, y a la conformidad y el conformismo de lo predecible y el precedente repetido que nos aburre y nos calla, Akhtar se ocupa de aquello que anima a las democracias. La respuesta a su pregunta, que se invita sí misma para salir de la boca como si fuese canto, poesía o lava, es: ¡todos nosotros!
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Al hablar del lenguaje, Akhtar nos recuerda el espacio-tiempo que hacemos todos. Eso que los antiguos de muchos lugares han llamado de muchas formas: lo común, lo nuestro, la república. De acuerdo con su constitución, India es una república. Esta semana, la República de la India celebra su momento inaugural, el resultado de la lucha por su independencia del en apariencia todopoderoso Imperio Británico. Cabe entonces hacer una pausa y considerar esa palabra. ¿De qué va de la república, y que va de la república a la democracia? O en términos más concretos: ¿por qué la India decidió describir aquello que la anima con esta palabra?
En tiempos de derivación financiera, en los que todo se cuantifica en términos de valor económico y ganancia, usamos índices y estándares para medir si este o aquel país son democracias. “Pero muy poca atención se presta a las credenciales de un país en tanto que república”, nos decía en estos días la muy acertada Mukulika Banerjee tras una conversación en el Festival Literario de Calcuta. Tiene razón. República se dice gatantra en hindi. La raíz de esa palabra es gan, “que se refiere a lo que hacemos todos nosotros”, nos dice. Como ella explica, en una república, la constitución hace soberano al pueblo, pero se trata de una soberanía que se hace efectiva en momentos del presente, cuya intensidad se mide con las herramientas de las que nos han provisto los proyectos interrumpidos del pasado, cuya incompletud reanima nuestra imaginación como si se tratase de vistazos de futuros posibles.
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Por ejemplo, cuando cientos y miles de campesinos, hombre y mujeres de unas cuatrocientas organizaciones y movimientos venidos de todo el subcontinente ocuparon en 2021 las cuatro entradas a la capital Nueva Delhi para poner en escena una protesta extraordinaria contra leyes proclamadas por el Uno de turno. Como las mujeres y hombres, campesinos e indígenas que se agolpan en estos días en la capital del Perú para protestar contra un golpe en contra de su estado y en exigir la renuncia de la golpista cuyo gobierno los mata. Eso es república. Se trata de algo que entendemos muy bien en Colombia tras la huelga general que tuvo lugar el mismo año. Al abrir el festival, Gayatri Spivak anotaba que la palabra shahitya se refiere en sánscrito a lo que llamamos literatura, y que se la puede asociar a saha-ness, que significa estar juntos. Sin el juntarnos para la acción política que apunta a lo que hace falta aquí y ahora, posible en el pasado de las luchas populares y entonces también en el futuro, sin ese espíritu que somos y hacemos todos, no hay democracia. Nos lo recuerdan los poetas de la India y las campesinas del Perú.
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