El internacionalista Parag Khana ha escrito un libro clave para comprender los retos de este siglo. Su argumento es sencillo: el siglo veintiuno será el de los movimientos masivos de personas. La demografía y el cambio climático lo indican. Tendremos que reinventar lo que creíamos saber acerca de los marcos institucionales y políticos dentro de los cuales hemos pensado y pretendido regular el movimiento de las personas.
En el caso de las Américas, sería necesario tomar en cuenta dos tendencias. De un lado, el sentido y consecuencias de la reversión de las tasas de natalidad como resultado de la crisis económica del 2008 y la pandemia en curso. Del otro, el riesgo inminente que el cambio climático implica para ciudades costeras como Miami, Los Angeles, o Nueva York, para no hablar del resto del Gran Caribe, Sudamerica y América Central que sufrirían mucho mas que el norte .
Khana habla de la necesidad de inventar un nuevo continentalismo. Implicaría abandonar las actitudes y hábitos familiares que ha dejado tras de si, como si se tratase de un sedimento o un marco definitivo, la corriente nacionalista y soberanista del siglo diecinueve.
Por ello resulta por lo menos paradójico que para comunicar su llamado a la reinvención de las ideas, las instituciones, y las relaciones hemisféricas en un sentido por lo menos continentalista o de regionalismo estratégico Khana hubiese elegido una metáfora tan desafortunada como aquella del “Destino Manifiesto.”
Como podrán suponer los lectores, si se le pregunta a cualquier persona de color en los Estados Unidos, y por supuesto a quienes nacimos y conocemos la historia reciente al sur del Rio Grande, o Bravo para los mejicanos, resulta imposible separar el Destino Manifiesto como idea de sus elementos más ideológicos, teológico-políticos, y sus conexiones históricas con el racismo, el exterminio de los pueblos indígenas, y las guerras de expansión en el hemisferio. Dichos elementos informaron la política exterior e interior que permitió a las antiguas trece colonias anexar Oregón, Tejas, California, Nuevo México, Cuba, Puerto Rico y Panamá, y ocultar a sus propios ojos y a los de los demás el resultante imperio y la exportación del régimen Jim Crow al resto de las Américas, donde se fusionaría con los racismos hispanistas y eurocéntricos.
En la práctica, dichos elementos convirtieron la Doctrina Monroe asociada al Destino Manifiesto en la célebre e infame “América para los Americanos!” El dominio hemisférico e intervencionista de los EE. UU. que el dramaturgo Luis Alberto García pone en boca de su personaje, el Presidente Teddy Roosevelt, en la obra de teatro colectivo I Took Panama.
Khana tendría que responder la pregunta: ¿Cómo desensamblar el imperio oculto de los EE. UU.? ¿Cómo descolonizar las Américas? No será posible reinventar el continentalismo sin purgar a las instituciones norteamericanas de su adicción a las teologías políticas en un momento en que el trumpismo y otras derivaciones racistas y fascistas en el resto del continente van al alza. La demografía a la que se refiere Khana también implica tomar en cuenta que, para hablar tan solo de los EE. UU., la mayoría blanca que es la protagonista y el sujeto político implícito de la ideología del Destino Manifiesto, ya no será mayoritaria después del 2040. Dado lo anterior es poco probable que el proceso sea gradual y tranquilo. Otras alianzas políticas tendrán lugar, y es probable que sean revolucionarias. El futuro pertenece al derecho a moverse que realizarán las generaciones más jóvenes y menos nacionalistas.
👀🌎📄 ¿Ya te enteraste de las últimas noticias en el mundo? Te invitamos a verlas en El Espectador.