En días pasados el presidente Petro retuiteó mi columna acerca de la movilización social en países como Gran Bretaña, España, o Francia, y los debates que en Estados Unidos lidera el senador Bernie Sanders para proteger y ampliar la prestación de servicios básicos como la salud a la mayoría de la población. “Por qué la Europa capitalista defiende sus sistemas de salud públicos?” preguntaba el presidente.
La respuesta va más allá de consideraciones puramente utilitarias y especulativas, e introduce un elemento ético y práctico en nuestras discusiones públicas acerca de lo que una sociedad considera inapreciable. Lejos de ser extraño, ese elemento es fundamental en nuestros debates sobre economía, política nacional e internacional. Y hace parte del sentir común.
Luz Marina Becerra, representante de la Asociación Nacional de Afrocolombianos Desplazados, recordó en estos días a los participantes de un panel sobre el poder transformador de las víctimas en el Teatro Colón de Bogotá que “en medio de tanta ley y tanta conmemoración a las víctimas persiste una deuda sobre acceso a servicios básicos”. Como dije en la columna retuiteada por el presidente Petro, las movilizaciones en Francia o Inglaterra acerca de pensiones y salud se dirigen en el mismo sentido. Es por ello por lo que la salud y las condiciones dignas de trabajo y retiro para la mayoría de la población son concebidas como derechos humanos. Y se las considera fundamentos para la construcción de una paz duradera desde al menos la segunda mitad del siglo veinte, tras la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial.
La política y el derecho internacional se anudan en este punto con las políticas nacionales: se trata de pagar la deuda histórica con las víctimas y con quienes continúan sufriendo los efectos acumulados de injusticias pasadas. Para ello nada mejor que observar y comparar lo que las sociedades modernas y más antiguas han logrado en dicho sentido y aprender de ellas. Por ejemplo, los sistemas de salud pública de países como los antes nombrados.
Las conquistas que en materia pensional defienden hoy los franceses y las francesas en las calles. La reforma laboral progresista que la ministra española Yolanda Díaz logró concertar junto con los empresarios. Los programas contra el hambre y en favor del campo y el medio ambiente que hicieron de Brasil un referente mundial y que hoy le permiten retornar al escenario de las grandes discusiones internacionales tras el regreso de Lula a la presidencia. El interés con el que la comunidad internacional y la Corte Penal Internacional siguen las decisiones de la JEP en Colombia, orientadas a construir paz más allá de lo punitivo con sentido de reparación histórica y ecológica, que convierten a nuestro país en ejemplo y referente mundial en la materia. El llamado de Bernie Sanders para avanzar hacia sistemas de salud más universales e inclusivos, con el cual se hace eco del “no justice, no peace” de los movimientos que en los Estados Unidos han ocupado las calles desde el 2019. Las huelgas de las enfermeras y los trabajadores británicos. Y el enfático clamor de Luz Marina Becerra en nombre de nuestros ancestros afrocolombianos y las demás víctimas del conflicto para que se pague la deuda sobre acceso a los servicios básicos en nuestro país.
En conjunto, estos ejemplos internacionales y nacionales constituyen una orientación clara para la política presente y futura, y nos dan las claves éticas para un pacto histórico. En efecto, no hay discusión política más importante que aquella que versa sobre la definición misma de lo que es valioso. Si ello es reducible a la acumulación de ganancias en beneficio de unos pocos y a cuestiones de eficacia técnica o si, por el contrario, se requiere de una mirada más amplia e incluyente, inclusiva de los elementos éticos a los que se refieren términos como justicia social, paz, y derechos humanos. La evidencia proveniente de la historia comparada de las sociedades y las razones de la filosofía hacen manifiesto el hecho de que la mayoría de las sociedades a lo largo de la historia mundial ha optado por una definición de lo que es valioso más ética y amplia que la utilidad y la ganancia. Podemos optar por ello. Es lo que entiende bien el presidente de los colombianos cuando dice que las reformas sociales más urgentes y necesarias solo tendrán lugar si nos movilizamos en favor de ellas.
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