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Psicoanálisis de un resentido

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Oscar Guardiola-Rivera
07 de enero de 2026 - 05:05 a. m.
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Latinoamérica, desnuda, yace en una hamaca que pende de dos árboles cerca de la costa. En frente suyo, el descubridor conquistador, el héroe guerrero, victo belicoso, la observa desnuda. Lleva en una mano un instrumento para medir el tamaño del suyo, de su machidad, y que le permite medir el valor de ser propietario del mundo y rehacerlo a su imagen y semejanza. En la otra mano lleva un estandarte, una bandera con la cruz cristiana, barras y estrellas. El deseo de hombres como este, de corazón hueco y vacío, consiste en llenar al mundo consigo mismos. El conquistador se inclina sobre ella. Despierta a Latinoamérica. La descubre de sus ropajes y plumaje de inocencia anterior a la historia para pedirle acceso total y poseerla. Este no es un acto de seducción. Él llama y ordena. En el fondo, a la izquierda, puede verse un barco de guerra. Y otro detrás, apenas visible cerca de la costa. Este es un acto de guerra y violencia. Una penetración forzada. Más allá, en el horizonte de lo impensable, los habitantes del lugar. Subdesarrollados, caníbales, salvajes.

La imagen que he descrito proviene de un documento de la historia. No pertenece al presente, pero nos lo muestra de mejor manera que cualquier imagen u opinión noticiosa. Se trata de un grabado del siglo dieciséis o siete. Es una copia del original, o carece de originalidad. De allí su virtud y poder. Que es el de la mayoría. Consiste en dar lugar a un número mayoritario de copias repetidas o a un sinnúmero de ellas. Es lo que cuantificadores y economistas llaman un modelo. Otros le llaman publicidad o propaganda. Siglos después, a finales del diecinueve y comienzos del veinte, esta imagen repetida muestra no ya a Américo conquistador y cartógrafo sino al Tío Sam. En alguna, sentado junto a la doncella del Caribe en el sur de las Américas, la abraza y la consuela. Le promete protección, la fantasía de seguridad total. Se trata de una caricatura de la llamada Doctrina Monroe. En otra imagen, el Tío ofrece a la núbil doncella en bandeja un dulce llamado “rebaja de aranceles del 20 %” mientras ella, otra vez ataviada con sombrero de plumas, huye de los avances del viejo. Quizá la más apropiada a nuestros menesteres sea la imagen en la cual América Latina aparece como una joven, menor de edad tal parece, con un escote profundo que deja poco a la imaginación. Frente a esa caracterización de Latinoamérica feminizada y exotizada, sexualizada en exceso, exceso mimético, aparece del otro lado de la verja el Tío Sam, quien se inclina para decirle “¡My, you’re pretty!“. La mirada voyerista del descubridor de antaño permanece. Pero ahora es el tío perverso quien la llama y ordena: “¡We want total Access!”.

De bien poco sirve reiterar la verdad sabida según la cual lo que vimos en días pasados es una violación del derecho internacional. Cuando los buques de guerra se acercan a la costa, los civilizados principios de la legislación internacional ceden ante la fuerza. O quizá sea mejor decir que dichos principios, desde el principio (es decir, desde la época de Américo, los juristas teólogos y los demás conquistadores) sólo se aplica entre las naciones que se perciben a sí mismas y entre ellas como “civilizadas”. Máriam Martínez-Bascuñán apuntaba a la importancia de esta distinción en su excelente escrito del pasado domingo en El País: “Cambia el orden y la naturaleza del poder americano, que se muestra con toda su brutalidad, sin ficciones.” Diríase al desnudo, como un exhibicionista. “La justificación oficial es el narcotráfico, pero el marco es otro. Trump no dice ‘Llevamos la democracia’. Dice ‘Defendemos nuestra civilización’. Y esa diferencia importa”.

Ella tiene razón. La civilización es otra cosa. No solo un marcador de pertenencia -o estás dentro o estás fuera-, sino también el de la dialéctica entre el lugar (el trópico, la zona tórrida exótica), la mirada voyerista del machito que feminiza o subordina (ese deseo perverso por las menores de edad) y la raza (que deshumaniza y al hacerlo justifica la discriminación, la apropiación o el exterminio). El resultado es subordinación y abyección. Es decir, la proyección de la otredad como fuente de contaminación y enfermedad, como enfermo o enferma todo ello. “She-devil”, salvaje o poco desarrollada, menor de edad y sin embargo deseada. “Fascination of abomination”, como dijo algún novelista. Se la quiere penetrar, poseer, toda ella (“We want total Access”). O al menos su trasero. A Delcy, “total access”. A Petro, a quien le llama enfermo, “que cuide su trasero”. ¿Para qué lo quiere? Lo primero que viene a la imaginación, antes que a la razón, son las imágenes de Mar-a-Lago y otros lugares entre las fotos de Epstein. La silla de odontólogo vacía rodeada de máscaras para machitos inseguros colgadas de las paredes cual película hollywoodense de horror y porno. O aquella en la que al parecer pueden verse preservativos marca Donroe. Estamos lejos de la estética barroca del diecisiete. O mejor, estamos ante su repetición en el veintiuno. Pero en el marco de una estética retro, cerca de 1970, porno y cosmococa.

Donroe quiere entrar por detrás. Por el patio trasero. Llamémosle la miseria del deseo. Hasta ahí el psicoanálisis, cuyo objeto es la miseria del deseo propio. Ahora, la economía política, cuyo objeto es la miseria de los otros. Mientras que la derecha internacional y criolla le quiere dar mil y una interpretaciones, descolocada por el ninguneo a la nobel que según parece no le parece tan núbil al amo (“She’s a… nice woman, but she doesn’t have the respect of the country”), pues ha preferido a Delcy al menos por el momento, es necesario decir que el objetivo de la penetración y captura forzada (no es invasión, nos han dicho, así que yerro a la hora de buscar un mejor vocablo) nada tiene que ver con drogas, ni seguridad total, ni libertad, ni democracia. Entrar por detrás y apropiarse del patio trasero tiene como objetivo hacerse al petróleo. No lo decimos los críticos ni los zurdos. Lo dijo el propio Tiberio. Se trata de asegurar las reservas venezolanas que representan el 17 % del total mundial. Y como todo el petróleo mundial se comercia en dólares desde los 70, asegurar de tal manera la hegemonía de dicha moneda. Pues ello permite que Estados Unidos se financie a tasas muy bajas, titularizar, tener déficits e imprimir dinero a voluntad. Es lo que no podemos hacer los otros. Por eso somos miserables, económicamente hablando. Y de paso, enviar un mensaje a quienes se atrevan a siquiera imaginar desdolarizarse. Por eso Venezuela, por atreverse a entrar a BRICS+ y vender petróleo en yuanes. No es solo Latinoamérica. Venezuela repite a Libia, que repite a Irak, que repite a Irán, que repite a... También Brasil y la Argentina del libertario diestro Milei. Que les llegue el mensaje. Si alguien más se atreve, lo bombardearemos. De allí aquello de cuidarse el trasero. ¿Somos los siguientes? La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, cree que son ellos y ella. Es que el llamado patio trasero ya no incluye solo a Latinoamérica. También a Europa.

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Alberto Rincón Cerón(3788)Hace 5 horas
Magnífica.
hernando clavijo(26249)Hace 6 horas
Error Sr Guardiola: Venezuela quizo entrar al Brics hace uno o dos años pero Lula lo impidió
angela gómez Suárez(622)Hace 6 horas
Señor Guardiola: muy certera su lasciva columna.Pensar que en nuestro corral de la ultraderecha,los voyeristas de Trump lo aplauden y están entusiasmados con sus intenciones de pisotear nuestra soberanía .
karl(g3os1)Hace 6 horas
El Hitler del siglo 21 . Ese es ese Trump . Que horror que asco ,. El mundo tiene q reaccionar . Ésto explotará de una u otra manera . Esperemos dé frutos sin sangre
Felipe(dw15k)Hace 7 horas
Excelente.
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