Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Me pregunta un amigo: ¿Qué sigue ahora? ¿Cuáles deben ser nuestros mensajes? Tras la posesión de Boric en Chile, teniendo en cuenta lo que se viene en Brasil y su significado para el continente, el regreso de la guerra en Europa y los primeros resultados en Colombia, estas son mis impresiones iniciales.
El primer mensaje no es solo la unidad los sectores progresistas y liberales de los varios partidos. También: ¡Movilización ya! En algunos países de Europa no es inusual que los partidos organicen grupos activistas y voluntarios que van tocando puerta a puerta. No solo y no tanto para pedir el voto, sino más bien para ofrecer asistencia y proveer los medios que la gente necesita para salir a votar: carros, buses, bicicletas, patinetas eléctricas para llevar a la gente a votar y explicar de la mejor manera posible cómo hacerlo. Ello es vital en el caso de gentes trabajadoras que viven en lugares con escasa infraestructura de transporte, y para afinar la conciencia política que ya tenemos más clara tras el estallido del año pasado. También para contrarrestar las mentiras y acciones fraudulentas de las maquinarias, los compradores de voto, los promete-todo y los que meten miedo. Funcionó en Chile cuando todo parecía perdido.
Segundo, cuidar el voto. Es precioso y no le damos la importancia que merece. Existe cierta izquierda que piensa que con el voto no se consigue nada. Existe una derecha que lo menosprecia al forzarlo, comprarlo o sujetarlo al miedo y el culto. Y existe un pesimismo generalizado, quizás entendible en nuestras democracias para pocos, según el cual no vale la pena votar pues nada cambia. ¿Por que tanta abstención? Porque las cosas van mal para muchos. Porque ello sugiere en el alma un pesimismo que termina siendo la peor forma de derrotismo. Una autoderrota. Lo que conviene a quienes no quieren cambiar nada. Los que quieren sostener el reinado del terror bajo el pretexto de que “cambiar no es saltar al vacío” ¡Pero si ya hemos caído!
Tercero, votamos con la cabeza y el bolsillo. Las fuerzas progresistas deben comprometerse a implementar esquemas de ingreso mínimo garantizado para las clases medias y trabajadoras. Pues han sido las mas golpeadas por la pandemia y lo serán mas por la ola inflacionaria que ya viene, recrudecida por los conflictos internacionales. ¿Populismo? Sí, ¿y qué? ¿Viable, realista? También.
Cuarto, ellas suman. Qué elegancia la de Francia. Y la de quienes, como Érika Sánchez, saben que lo importante no es solo y no tanto una Vicepresidencia ornamental, sino el poder para todas y todos. ¿Francia ministra de Justicia? ¿De Defensa? ¿Por qué no? La primera reunión es con Francia. La segunda es de Francia y Petro con Gaviria. Con puntos claros. Sin tapujos. No es tiempo de horizontalismos puros.
Cuarto, un mensaje mas controversial que los anteriores. “Hay que recuperar la seguridad de nuestras fronteras. Duque y los suyos las abrieron de par en par porque creían asestarle un golpe de gracia a Maduro. Se equivocaron. Pusieron sus extremos ideológicos por encima del interés ciudadano. Los EE. UU. están hablando con Maduro, no con el otro. Sin olvidar que los migrantes son seres humanos, la respuesta a retos humanitarios que son continentales solo puede ser continental. Condenamos a quienes violan los derechos humanos de sus ciudadanos sea cual sea el color político con que se pinten”.
Ah, y no hay que decir “Fico es Uribe”. No. Fico es Duque. Peor que Uribe y Duque juntos. Ni siquiera es el original, es una mala copia.
Amigas y amigos, tenemos mucho trabajo por delante. Y no será fácil.
