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Secreto, verdad, y ciencias

Oscar Guardiola-Rivera

27 de julio de 2022 - 12:07 a. m.

¿Cuál es la relación entre la conspiración secreta contra la izquierda española revelada esta semana en los medios de ese país -e ignorada convenientemente en el nuestro-, las verdades narradas en el reporte final de la Comisión de la Verdad, y la disputa acerca de la verdad y las ciencias en Colombia? En todos estos casos lo que está en juego no es la verdad. Es el secreto. Y no cualquier secreto, sino el secreto público. El que todos saben, pero del cual es mejor no hablar. Para guardar las apariencias. O evitar la polarización y los llamados extremos ideológicos, imaginados como periferias lejanas al centro político que se nos presentan como el origen de los populismos y la violencia.

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Por todo ello, los medios españoles y latinoamericanos prefieren no hablar de la persecución contra la izquierda aquí y allá, o hacerlo en voz baja, a pretexto de que hacerlo pondría en peligro los compromisos de la transición al centro, el realismo, y la democracia. Con disimulos similares, quienes se imaginan como ‘centro’ y dicen defender la democracia (con las armas apuntando a los civiles, si ello toca) ignoran o rechazan en Colombia las conclusiones de la Comisión de la Verdad, torpedean la labor del Centro de Memoria Histórica que junto a la JEP busca remediar la injusticia histórica causada por la guerra, y asumen que las protestas del año anterior y las elecciones de este son efectos de ideologías extremas o populismo y, por tanto, sospechosas, ilegítimas, o erradas.

Como sería errado, nos dicen, hablar de injusticia epistémica, que es una especie de la injusticia histórica, al discutir las políticas del saber y de la ciencia en los países del sur global. Se ha dicho que quienes nos advierten no hablar de tales cosas tienden a confundir la crítica a las políticas de la ciencia, que es de lo que trata el documento objeto de discusión, y de discusión se trata, con una crítica a la ciencia. Así lo hizo el excelente pensador colombiano Santiago Castro-Gómez al ser interrogado sobre el tema esta semana. Nadie ha notado, sin embargo, que la metáfora del centro y las periferias proviene de las geografías especulativas y las mentalidades de defensa que han informado históricamente tanto los procesos de colonización externa e interna como la distinción entre el Norte y el Sur global. El primero imaginado como centro. El segundo, como periferia que se supone, gira alrededor y se encuentra a disposición del norte.

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Dicha metáfora habría sobrevivido la llamada revolución copernicana y a la crítica como proyecto filosófico de la modernidad. Pues otro proceso corre paralelo a la historia del saber moderno. Consiste en que las “villanías del sistema corrupto y ladrón de Venecia,” en el sur, “forman una de las bases secretas de la riqueza de Holanda,” en el norte. A esta fluyeron desde aquellas, en su decadencia, largas sumas de dinero. Como el oro de Potosí a Cádiz, o del Caribe y la Costa Esclava de África a París y Londres. Aquí, la supuesta decadencia y villanía del sur y el oriente sirven de fuente secreta al capital acumulado en el norte. La historia occidental moderna, de la cual hablamos cuando hablamos de la continuidad del fascismo en España o las Américas, la guerra, y la política de las ciencias, los descubrimientos y las patentes, se mueve a partir de una grieta interna al secreto público de que la verdad depende de su contrario. Y que dicha dependencia está dividida étnica y geopolíticamente entre el norte y el sur.

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Es el secreto de los años de la protesta y la plaga. Un secreto del sur, de las “zonas tórridas”, y del sol. Que la plaga se origina en el sur y la vacuna en el norte. Por lo que se presume justo que este cobre sumas millonarias a aquel, mientras que los sureños mueren como moscas. ¿No será por ello, contra ello, que los sureños hacen memoria, protestan, eligen otros gobiernos progresistas, y claman de ellos justicia histórica y epistémica? Circulando en medios occidentales como el rumor que sostiene el mito de su espiritualidad avanzada, supuestamente más democrática, racional y científica o ilustrada, el secreto a voces es que la plaga era una suerte de Cólera Asiática y su guarida el interior del antes llamado Tercer Mundo. Su origen habría sido una sopa de murciélago cocinada al calor de los mercados orientales, de donde también vienen las amenazas geopolíticas globales. El tigre oculto en la jungla de bambú, como en la novela de Thomas Mann. Pero el sol es un regalo curioso.

Al contrario de los demás regalos y de los intercambios comerciales, el sol da sin recibir algo a cambio. Por ello, como nos dicen los ancestros y sus antropólogos, el sol es un emblema del gasto necesario sin ganancia y entonces, en apariencia, lo contrario de la economía restringida de maximización de la ganancia y el secreto que predomina en nuestras sociedades modernas. En apariencia, pues la oposición se revela como su contrario cuando el secreto del cual no hay que hablar se expresa en voz alta. Como las voces que abuchearon al mentiroso en su palacio. O el niño apuntando al emperador desnudo. Cuando entendemos que la justicia de la economía restringida se sostiene en el falso supuesto de que el sufrimiento y la autodisciplina, lo que Santiago y yo llamábamos hace años la auto-colonización, son una inversión que se verá recompensada con ganancias. Y entonces, que vivir sabroso o bien, o con dignidad y decencia, constituye un gasto lujoso. Es dicha fantasía -la de la colonización de las periferias y la autocolonización que justificarían el sufrimiento y las violencias como una inversión- lo que cabe criticar desde una posición éticamente correcta. Correcta porque permite ver y construir ecologías, políticas y economías algo más generales, más universales, en vez de destruirlas o hipotecar el futuro de las nuevas generaciones. Se trata de conectar esa idea correcta con la realidad real, para entenderla mejor y transformar relaciones reales.

En otras palabras, hay que investigar los medios y maneras a través de las cuales el mercado y su disciplina buscan determinar la verdad en nuestras sociedades en forma única, y subordinar también a su ley y disciplina los saberes y las ciencias. En ello consiste hacer justicia al secreto, la verdad y las ciencias.

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