Hacerse del lado del abusador y el genocida. A eso parece haberse reducido la agenda del conservatismo en Europa y las Américas. De aquel lado del océano les llega como un dictado la instrucción “¡Exterminad a los bárbaros!”, así, en Peninsular Vox y PPero, y de este responden, “Viva la libertad, ¡carajo!”. Desdicen de la izquierda y los zurdos, pero lo suyo va en contra de todos nosotros. Los que pensamos que la libertad no tiene precio y, en concreto, que no se la puede comprar al precio del sufrimiento y la humillación de tantos otros: los palestinos, África y el Caribe, las mujeres, las gentes de color cuando se organizan y organizan maneras de celebrar la historia cultural borrada a la fuerza, los pueblos plebeyos cuando reclaman su poder constituyente, los jóvenes y las jóvenes que ya pagan el coste impuesto del desastre climático y la acumulación financiera.
Apelan a la defensa de libertad y la democracia para condenar el acto de los plebeyos, humillados y subordinados que se atreven a ejercer o por lo menos ensayar ese poder colectivo llamado constituyente. Pues en verdad toleran la democracia, o su apariencia, solo si esta representa o no confronta sus muy particulares intereses. ¿Cómo atreverse a reconocer ese poder en concreto, como visión esperanzadora de transformación o reforma del estado de cosas existente, aquí y ahora? Esa visión les parece peligrosa, impensable o improcedente. Mas allá de los procedimientos establecidos y la defensa de lo existente, el desorden.
Por ello este martes, cuando el gobierno español hizo efectivo su reconocimiento del Estado de Palestina, la respuesta no se hizo esperar. “La decisión es una recompensa para Hamás”, afirmó el portavoz del gobierno Israelí de ultraderecha. Se trata de una negación indeterminada, y por ello irrazonable. No niega esto o aquello, niega todo aquello que no corresponda con la visión particular de la administración Netanyahu y lo descalifica de manera generalizada: todos son simpatizantes de los terroristas, si es que no antisemitas. Pero como se trata de una negación indeterminada, les es necesario apuntalar su falta de razón con una amenaza: “Esto tendrá las consecuencias más graves para nuestras relaciones”, afirmó el director general del Ministerio de Relaciones Exteriores de Tel Aviv, Yaakov Blitshtein, al condenar la acción conjunta, constituyente, de los palestinos que ha reconocido España, Irlanda y Noruega, que se suma a los 142 países que reconocen la independencia de los territorios ocupados.
¿Son todos ellos proterroristas o antisemitas? “Pedro Sánchez, Hamas le agradece su servicio”, anuncia un mensaje del Ministerio de Relaciones Exteriores de Tel Aviv en un video que alterna música flamenca, imágenes del grupo terrorista responsable por el ataque del 7 de octubre, y alusiones a la Inquisición Española de hace unos cinco siglos. Todo ello es a primera vista irrazonable. Pero Feijoó, Ayuso y el resto de los dirigentes de los mal llamados populares no solo han copiado y pegado el libreto al reprochar al presidente del gobierno lo que describen como una “recompensa” a los terroristas, sino que se han convertido en el altavoz que lo amplifica.
Todos a una, incluidos sus equivalentes entre nosotros, como en Fuenteovejuna. Pero lo que se reconoce es el Estado palestino y la capacidad de los palestinos, y los demás humillados y subordinados de ese lado del mundo y del nuestro, para decidir cómo transformar o reformar el régimen. De eso se trata abrir la discusión acerca del poder constituyente. No hay nada complicado en ello.
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