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22 Apr 2022 - 5:00 a. m.

Empresarios unidos…

Tuve la oportunidad de conocer un ejercicio que viene realizando un grupo de empresarios y comerciantes pequeños y medianos, liderados por dos grandes empresas (Borner y Siigo), que tomaron la decisión de unirse en comunidad no solo para impulsar sus ideas de negocios en cadena sino además para compartir experiencias y buscar soluciones a los problemas que a diario suelen tener.

Me llamó la atención que en esta comunidad no hay distinción de actividad ni del tamaño de la empresa o negocio, algo importante para economías como la del país, que como bien sabemos es impulsada en gran parte por las medianas y pequeñas empresas.

Comprobar que a esta comunidad pueden ingresar tiendas de barrio, supermercados, droguerías, panaderías, carnicerías, etc., es algo que me dejó bastante sorprendido porque es algo que rara vez ocurre en el mundo de los negocios en Colombia, donde extrañamente se acostumbra a mirar al otro por encima del hombro y a creernos de mejor familia, aunque en el fondo no lo seamos.

Lo mejor de todo esto fue darme cuenta de que en el mundo de los negocios parece que ya empezamos a superar los complejos de superioridad que tanto daño hacen a sociedades como la nuestra y que son la piedra en el zapato a la hora de democratizar nuestra economía. Este puede ser el inicio para que se le dé la oportunidad al otro no solo de que crezca en su emprendimiento sino además de que aprenda a partir del conocimiento de experiencias similares. También de compartir contactos y brindar la orientación adecuada para cualquier diligencia que se requiera hacer.

Se supone que esta es la función y la razón de ser de las cámaras de comercio. El problema es que estas tienen el mismo estigma del Papa: todos son conscientes de que existen pero pocos saben para que sirve.

En los diálogos que sostuve con algunos de sus integrantes me comentaron acerca de los beneficios que para ellos trajo el conocer al otro y darse cuenta de lo simple que puede ser un trámite y una diligencia cuando se sabe a dónde llegar y con quién hablar, al contar con alguien que le sirve de guía sin que necesariamente éste haga parte de alguna entidad pública sino porque ya vivió la misma experiencia.

También supe de la concientización lograda en los pequeños negocios de los barrios donde muchos consideran que no es necesario introducir sus economías en las nuevas tecnologías, percepción que muchos han cambiado tras su ingreso en la “La Rosca”, como se hacen llamar quienes integran esta comunidad que no tiene límites ni en el territorio ni en el tamaño del negocio.

Puede que el término de rosca haga referencia a un grupo cerrado de personas que por una u otra razón se unen y comparten determinado espacio o actividad, sin dar lugar al ingreso de otro que no cumpla con determinada característica social o económica. Sin embargo, este no es el caso, porque aquí puede ingresar todo el que desee, siempre y cuando tenga la voluntad de crecer en su emprendimiento de manera organizada y de ayudar a otros a crecer en conjunto.

En una ocasión le escuché decir al presidente de Fedegan, José Félix Lafaurie, que a Colombia le llegó el momento de dejar de pensar en pequeñas y grandes economías y actuar en conjunto como una sola, en donde los unos se ayuden con los otros, y veo que no es el único que piensa de esa manera.

Me alegra por Jorge González, líder de La Rosca, porque su idea de crear este tipo de comunidades poco a poco va tomando fuerza y demuestra que solo la unión permite que una sociedad salga adelante.

@sevillanoscar

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