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Carta desde Quibdó

La pobreza y subdesarrollo del Chocó están ligados a la compraventa de votos

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Over Córdoba Rentería
13 de mayo de 2023 - 07:43 p. m.
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No podríamos rastrear el momento de la historia en el que a algún líder político chocoano, que carecía de argumentos para convencer a sus electores, se le ocurrió adoptar trucos infalibles para alcanzar el poder y así empezar a sembrar miseria en un departamento que venía creciendo a buen ritmo en el sector empresarial e industrial.

Esa estrategia de comprar votos y vender el voto, para luego recuperar el dinero estando el poder, ya es vox populi en todas las regiones del país, donde las expresiones más comunes entre pobladores y los mismos actores políticos son: “El que no tenga plata difícilmente podrá ganar”, “Aquí el que no tenga su plata no puede ganar”, “Tenemos la maquinaria (dinero) para ganar de lejos, eso después se recupera”.

Esta actividad ilícita empezó con aspirantes a ocupar las primeras magistraturas en los municipios y la gobernación, pero paulatinamente fue permeando todos los ámbitos de la administración donde para ocupar un cargo se necesitan votos. Si se necesita aprobar una ordenanza, los gobernadores ofrecen plata a los diputados, si se necesita aprobar un acuerdo, los alcaldes ofrecen a los concejales y así en las demás entidades del orden nacional donde el voto ya dejó de ser discrecional y voluntario para pasar a ser algo que se mercantiliza.

Hay que mencionar que, en el departamento del Chocó, ningún político ofrece dinero en las reuniones públicas; los ofrecimientos se hacen en privado a líderes de comunidades, barrios o a personas individuales de acuerdo con el número de miembros de la familia o amigos. Es decir, si una familia está compuesta por 10 personas que pueden votar, pide dos millones de pesos con el compromiso que cada uno busca un voto, el político entrega esa plata y cada miembro de la familia ofrece 50 mil al voto que consiga; esta es solo una modalidad. Otra es que una comunidad se une para mirar qué necesidad tienen y le dicen al candidato qué necesitan; por ejemplo, ponerle el techo a la casa comunal y que, si él se compromete a conseguirles lo que se requiere para ello, cuenta con los votos de esa comunidad.

El día de las elecciones, es decir, ese domingo de octubre, el candidato les envía dinero a varios líderes, estos se ubican en diferentes puntos, en los municipios, ya sea cerca a las urnas o en barrios apartados, mandan a otros a pescar en río revuelto, se acercan con los posibles electores hasta donde aquel que tiene el dinero, hacen el compromiso, el que va a votar debe sacarle foto al tarjetón marcado, luego regresa con la evidencia para recibir su pago. Esta compra de votos más que todo se hace con las colonias que van a sus municipios de origen a votar para hacerse el llamado rebusque. Ve usted los carros de regreso llenos de personas narrando cuánto dinero recogieron en el gran bazar electoral. Cabe resaltar que, para los distintos municipios y barrios, envían dinero tanto candidatos a la gobernación como a las alcaldías y asambleas, pero también ofrecen dinero los aspirantes al Concejo.

En muchas ocasiones, los candidatos no cuentan con los recursos necesarios para costear sus campañas; para ello, se valen de los llamados financiadores; estos ponen la plata a cambio de puestos, contratos o devolución del dinero con intereses altísimos que no son fáciles de pagar a veces. Es así que cuando se le dificulta a un mandatario pagarle la plata al financiador, este hace uso de todo su poder para perseguirlo, desde la complicidad con organismos de control y otros, hasta persecuciones políticas.

Algunos políticos que otrora han ocupado cargos por compra de votos, han empezado a notar que cada día es más difícil recuperar todo el dinero que invierten en campañas, pues los controles en la contratación han aumentado y ya no es tan fácil sacar más de lo que se invierte; sin embargo, hecha la ley, hecha la trampa, siempre hay formas de robarse los recursos del estado.

Los costos de las campañas en el Chocó son elevados porque la misma gente, por desconfianza con los políticos del territorio, llegan pidiendo con anticipación, según lo que se dice en las calles y las veredas. Es que estos políticos después que llegan al poder no cumplen con los compromisos y se dedican a llenarse los bolsillos; sin embargo, esta práctica hace que la miseria aumente cada cuatro años y no se vean soluciones reales a los tantos problemas que aquejan al Chocó y sus poblaciones. Es importante que la población tome conciencia también; si le piden mucho a un candidato, deben saber que este no hará mucho si llega al poder y no hay cómo reclamarle, pero si los pobladores se negaran a recibir y a pedir plata y otras cosas, seguramente, quien salga electo tendrá más libertad para gobernar y hacer cosas por las comunidades, pues no tendría que pagar deudas adquiridas a costos tan altos.

Por otro lado, se ha evidenciado que las colonias hacen mucho daño a las poblaciones chocoanas en épocas electorales, porque el costo de trasporte y alimentación los debe asumir el candidato de ciudades como Bogotá, Medellín, Pereira, Cali, entre otras. Lo más lamentable es que los votantes llegan a las comunidades y les piden plata a todos los postulados; eso eleva más aún los costos de campaña. Estas colonias, en gran medida, definen o eligen al gobernante de las regiones. Se van con la plata recolectada y dejan a los que habitan el territorio permanentemente sufriendo las terribles consecuencias cada cuatro años; ese es un comportamiento constante. Sería interesante que la Registraduría obligara a los ciudadanos colombianos a votar en su lugar de residencia y no en el de origen, pues eso le viene haciendo un gran daño a poblaciones como las del Chocó.

El político entrega la plata porque se la piden y el votante la pide porque la necesita, los dos comportamientos son reprochables y en ese sentido debería haber una reforma y controles más fuertes para sancionar al infractor.

Es hora que tanto los líderes políticos del Chocó, como los habitantes del mismo, hagan un pacto de no comprar y no vender el voto, donde se pueda evidenciar el compromiso de lograr cambios reales en la población y el territorio. Estamos de acuerdo en que la violencia, el desempleo y demás problemas que aquejan al Choc, arrancan desde las campañas políticas, porque los gastos de los candidatos son muchos y llegan al poder a recuperar toda la plata que invirtieron en el proceso electoral. Lo triste de todo eso es que para la gente nunca alcanza, las obras nunca se concluyen, la plata nunca alcanza y los elefantes blancos van creciendo hasta convertirse en Mamuts gigantes. El Chocó merece otra suerte.

Over Córdoba Rentería

Por Over Córdoba Rentería

Chocoano, nacido a orillas del río Andagueda en el municipio de Bagadó. Sobreviviente de la guerra y la pobreza. Licenciado en Español y Literatura de la Universidad Tecnológica del Chocó "Diego Luis Córdoba". Apasionado por la escritura.
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Atenas(06773)13 de mayo de 2023 - 11:48 p. m.
Ese sistema de corrupción hace carrera en el país de décadas atrás, solo q' en esas empobrecidas regiones, y como las afugias son peores, la puja x la compra del voto se hace más evidente, fácil y abundante. Y hay una razón simple pa q' esa corruptela se afiance y un dicho bien lo define: la mitad de la población vive del empleo público mientras la otra mitad de vender sus votos a los polítiqueros todos amarrados al sector público. En resumen tal es el cordón umbilical entre pueblo y políticos.
Diego(ur9yf)13 de mayo de 2023 - 11:04 p. m.
No es que sea "importante que la población tome conciencia" ....es la única manera que hay; sin embargo, en este país de ignorantes cada vez es más difícil .... es una culebra que se muerde su propia cola....como los ignorantes botan su voto en políticos corruptos, cada vez hay menos oportunidades y más pobreza que genera más ignorancia y más asistencialismo....
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