Claramente estos tiempos han sido de gran expectativa porque, como es apenas obvio, cada día se acerca más el inicio del gobierno Petro, frente al cual millones de colombianos tienen una gran esperanza, al tiempo que otros, también millones, tenemos total incredulidad e incluso hasta pavor, por decir lo menos.
Hasta ahora los nombramientos que ha hecho el presidente electo, no exentos de crítica, han resultado aceptables dadas las circunstancias y perfil de quienes sin duda ganaron las elecciones. Pero otros nombramientos, francamente, han resultado para todos desastrosos, incluso para los más petristas.
No cabe duda de que Petro está viviendo una especie de luna de miel propia de todo aquel que aún no gobierna. En otras palabras, Petro está viviendo su mejor momento: ganó las elecciones; tiene a casi todos los politiqueros rendidos a sus pies; y no ha sufrido un solo día de desgaste, por la sencilla razón de que aún no empieza su gobierno, que como pinta, no será tan exitoso como su campaña. El que es hoy un camino lleno de pétalos, mañana, cuando gobierne, se convertirá en un mar de espinas por las adversidades que sufrirá en su trasegar.
Están pendientes por oficializarse muchos nombramientos de funcionarios de primer nivel, como ministros, superintendentes y directores de entidades estatales, todas ellas muy importantes, en donde estará el núcleo esencial del nuevo gobierno. Pero como todo tiene vencimiento, esos nombramientos deben ocurrir en los próximos días.
Por ahora Petro, para contentillo de los politiqueros, a los que catalogó de supuestos enemigos durante su carrera política, pero los graduó de amigos para las elecciones, se ha dedicado a enviar mensajes refrescantes y de tranquilidad. Pero al tiempo que intenta moderar su lenguaje, tarea ya de por sí imposible, envía mensajes inquietantes que generan zozobra. Saluda al tiempo que insulta. No se deja leer fácilmente, suelta locuras al tiempo que promete en apariencia -solo en apariencia- algunas cosas sensatas.
Pero como ya dije, todo tiene caducidad. A partir del 7 de agosto de 2022, fecha en la que tome posesión, a Petro le llegará el día que siempre anheló y esperó, pero que al mismo tiempo en su subconsciente suplicó que no llegara. En efecto, le llegó el día de gobernar, pero de gobernar de verdad y no a través de trinos. Le llegó el día de cumplir tanta promesa vacía, de ejecutar en vez de criticar, de solucionar en vez de diagnosticar, de generar los verdaderos cambios y no simplemente prometerlos, de manejar los recursos públicos sin robárselos, de hacer algo tangible en vez de estar hablando tanta carreta, de lo que ya está graduado y con honores.
Llegará el momento en que sobre las realidades, y no fantasías, se haga el escrutinio sobre los logros y avances del gobierno de Petro. Y es precisamente ahí donde los presidentes se enredan, cojean, pues una cosa, muy fácil, es hablar para un público enfurecido y enrarecido, y otra la de gobernar para todos.
No puede nadie saber lo que pasará en este gobierno de Petro, pero lo que sí podemos saber, y desde ya, es que le corresponde a él como presidente dejar sin argumentos a sus críticos y demostrar que los temores sobre la debacle que se anticipaba en su gobierno eran injustificados. El que gobierna tiene la carga de probar sus aciertos, pues no le corresponde a la oposición acreditar el desastre de una administración.
Como lo anuncié desde el día en que se acabaron estas estruendosas elecciones, estoy y seguiré en la oposición, y desde allí tendré el valor tanto para criticar lo malo como para apoyar lo bueno. Pero, debo insistir, le corresponde al gobernante de turno convencer a sus gobernados. Esa tarea no es de la oposición. Muchos colombianos estamos a la espera y muy prevenidos.