El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

A qué hora caímos tan bajo

Pablo Felipe Robledo

30 de marzo de 2022 - 12:30 a. m.

Estamos a solo dos meses de la primera vuelta presidencial y veo con decepción el panorama político. Es desesperanzador lo que nos está pasando.

PUBLICIDAD

Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO

¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar

Entiendo que la política afronta una inmensa crisis mundial. Los políticos están desprestigiados, las democracias en entredicho y las riendas de varios países, tanto en el primer como en el tercer mundo, han caído en manos de personas que otrora serían una caricatura política, y no presidentes, primeros ministros o jefes de gobierno.

A qué hora fue que Estados Unidos cayó tan bajo eligiendo a un tipo tan despreciable, troglodita e insensato como Trump. A qué hora fue que Inglaterra cayó tan bajo eligiendo a un mamarracho carente no solo de estilo sino de liderazgo como Johnson. A qué hora fue que Venezuela cayó tan bajo no solo eligiendo sino perpetuando en el poder por décadas a ignorantes como Chávez y Maduro. A qué hora fue que Argentina cayó en las garras de los esposos Kirchner, que casi acaban con el otrora tercer país de América Latina. A qué hora fue que Brasil cayó en manos de un extremista y arribista como Bolsonaro. A qué hora fue que México cayó en manos de un payaso como López Obrador.

Para mayor tristeza, esta lista en el mundo es cada vez más abultada, pero para no alargarme y sobre todo para no amargarme, termino con Correa en Ecuador, Evo en Bolivia, Ortega en Nicaragua, entre muchos otros y, para no ir más lejos, con Uribe en Colombia, a quien la Corte Constitucional, por fortuna, le puso freno a una segunda reelección, pues si no hubiera sido así, aquí aún andaríamos en la “dictadura democrática” dizque de la mano fuerte y el corazón grande.

Los anteriores ejemplos no son más que el éxito electoral de quien accede al poder vendiendo humo, prometiendo lo incumplible, canalizando la inconformidad, radicalizando el odio, polarizando, manipulando las cifras, mintiendo, aprovechando las necesidades de sus conciudadanos y, sobre todo, en algunos casos, creyéndose no un estadista sino un mesías. Cada caso es particular, pero hay elementos comunes. Sin importar si son de extrema derecha o de extrema izquierda, sus estrategias electorales son las mismas, por aquello de que los polos se atraen.

Si las cosas siguen como hasta ahora van, el próximo presidente sería Petro, otro loco sofista lleno de odio, manipulador de datos, cifras y personas, a quien es imposible cogerlo diciendo una verdad, que se vende no como estadista sino como mesías, y poseedor de un ego que lo llevará a perpetuarse en el poder al igual que muchos de sus amigos, o incluso enemigos, en sus respectivos países y al costo que sea.

En este preocupante ecosistema político, miremos qué ocurre en el “lado no Petro de Colombia”. Allí está la derecha liderada por Fico, un tipo liviano, flojo en el debate, lleno de frases de cajón y a quien le enorgullece aliarse, abrazarse, besarse y fotografiarse con lo peor de la clase política de este país, la misma que con sus errores y su brutal corrupción nos tiene en las fauces de Petro. Para Fico, la estrategia es montar gente al bus, porque su miopía no le da para entender que hay alianzas que matan campañas, que restan más de lo que suman, y que con ellas no hace más que cavar su propia tumba y catapultar a Petro.

En el centro está Fajardo, un personaje decente, constructivo, que no alimenta odios, al que le cabe el país en la cabeza y quien está en capacidad real de derrotar a Petro en una segunda vuelta, pero que antes tiene la misión de derrotar a Fico en la primera, lo cual es aún factible.

Los colombianos que no quieren a Petro deben votar por Fajardo. Radicalizar el debate, como se hizo hace cuatro años, entre izquierda (Petro) y derecha (hoy Fico), ya no le funcionará como estrategia a la derecha, debido a la animadversión creciente contra Uribe y la gran impopularidad de Duque, quien se irá sin gloria y con mucha pena por haber gobernado tan torpemente que lo que hizo fue hacer crecer a Petro.

No ad for you

Colombia no puede darse a la suicida tarea de elegir a Petro para después preguntarse “a qué hora caímos tan bajo”. Hay que ser inteligentes y derrotar a Petro y ello es por la vía del centro, que hoy es Fajardo.

Conoce más
Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.