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Crónica de un fiasco anunciado

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Pablo Felipe Robledo
06 de marzo de 2024 - 02:05 a. m.
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Da mucha lástima ver a Colombia retrocediendo en el manejo de la cosa pública. Resulta increíble, por decir lo menos, que este país se haya dejado meter en el falso dilema de los tecnócratas o los activistas. Esa discusión es ridícula.

Empecemos por el principio. Cualquier argumento que apunte a demostrar que es preferible un tecnócrata honesto a un activista bandido, o que es preferible un activista honesto a un tecnócrata bandido, se cae de su peso. Obviamente, el servicio público no debe ser un lugar para bandidos, sean tecnócratas o activistas. Lo mismo puede decirse de los “químicamente” brutos, los malintencionados, los perseguidores y los faltos de carácter.

La honestidad, el carácter, las ganas de servir, el compromiso, la inteligencia, las buenas intenciones y la objetividad son condiciones inherentes a quien aspira a detentar el honor de ser servidor público. Así las cosas, la discusión no puede ser, si un tecnócrata falto de las mencionadas virtudes es mejor o peor que un tecnócrata que también las adolece; ninguno de los dos debería tener la posibilidad de ejercer cargo público alguno.

El debate es diferente, pero igual de sencillo. ¿Qué personas deben llegar a los cargos públicos que exigen un nombramiento? ¿Aquellos que llevan una vida preparándose para conocer los asuntos que deberán asumir, resolver y proponer, o aquellos que por primera vez deberán conocerlos sin haber tenido la experiencia, los estudios y el conocimiento necesarios?

La respuesta es obvia, y no se trata ni de tecnócratas ni de activistas, pues, se puede a la vez ser activista y tecnócrata. ¿De dónde sacaron que son antagonistas? De hecho, hay muchos activistas muy bien preparados. El mundo del activismo no es necesariamente el de los ignorantes. Reitero, la discusión es otra.

El problema no es que este gobierno esté nombrando activistas o que cada vez lleguen más activistas al gobierno, como lo denunciaron varios altos exfuncionarios del gobierno de Petro. Pedirle a un presidente activista como Petro que no nombre compañeros activistas en su gobierno es pedir lo imposible.

En realidad, el asunto es que Petro -y ahí sí se equivoca sistemáticamente- no se ha dado cuenta de que sus amigos activistas -y tampoco sus amigos tecnócratas- con los que ha decidido gobernar no debe nombrarlos en cargos en los que por su falta de experiencia, su carencia de estudios y su nulo conocimiento no resultan idóneos, pues en esas condiciones son muy altas las probabilidades de que su paso por el sector público sea un total fracaso, como ya le ha pasado con varios de sus alfiles-. Aún en el caso de tratarse de activistas honestos, bien intencionados, buenas personas e inteligentes, su falta de conocimiento, experiencia y estudios son crónica de un fiasco anunciado en el cargo equivocado.

Que Petro juegue a nombrar activistas en ciertos cargos es su problema, pero que decida nombrarlos en el cargo equivocado es un problema de todos los colombianos.

Lo simplifico en esto. No puede Petro nombrar a un activista bachiller o a un activista médico con maestrías y doctorados como piloto del avión presidencial. De nada le servirá a Petro, ni a los pasajeros, ni a los dueños del avión, que el piloto tenga o no tenga dichos títulos, pues, en todo caso, el piloto activista o tecnócrata estrellará el avión.

Aunque no me gusta ninguno de ellos, si el presidente Petro le quiere dar un cargo a Alexander López, a Gustavo Bolívar y a Carlos Carrillo, que se los encuentre y se los dé, pero no debería ser ni Planeación Nacional, ni la Unidad de Gestión del Riesgo, ni Prosperidad Social, pues estos activistas -que sí lo son- no están preparados para volar esos aviones, se estrellarán y de nada le servirá ni a Petro ni a los colombianos. Su paso por allí es crónica de un fiasco anunciado, pero reitero, no por activistas sino por impreparados.

Gustavo Bolívar al menos debería ser consecuente con sus trinos. Escribió en un trino el 27 de enero de 2020 durante el gobierno Duque: “Y el problema no es gobernar con amigos. Eso se entiende. El problema es nombrar gente que no está capacitada para los cargos”. Estoy de acuerdo.

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