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Cuando el río suena, Petro lleva

Pablo Felipe Robledo

20 de junio de 2023 - 09:00 p. m.

A medida que transcurren los días está pasando lo que dijimos que muy probablemente ocurriría. Me refiero a la película de terror y crimen organizado del más alto nivel en el que se está convirtiendo la novela que empezó con una niñera que supuestamente se había robado unos cuantos dólares de viáticos de Laura Sarabia, otrora poderosa jefa de gabinete de Petro.

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En los últimos días hay muchos episodios que, en vez de esclarecer un pequeño robo doméstico, apuntan a develar lo que sería un entramado criminal que se habría paseado por la campaña presidencial que hace un año llevó al poder a Petro -por desgracia-, pero además que se habría empotrado en su presidencia -por mayor desgracia-.

Ya hoy poco se habla de la niñera, de una cantidad mínima de dólares hurtados, que la víctima era Laura Sarabia, que la sospechosa fue conducida al polígono en las instalaciones presidenciales y que esta los denunció ante los medios y las autoridades. Mucho de esto, a pesar de lo grave, parece haber pasado a un segundo plano.

Gracias a lo que ha revelado el propio Gobierno bajo la voz sonora del exembajador Benedetti, así como algunos medios como la revista Semana y la revista Cambio mediante el uso de fuentes -algunas reservadas (no anónimas) y otras no- hoy se habla de un entramado mucho mayor que involucra a bastante gente y que cada día parece más grave y peligroso tanto en su dimensión objetiva (presuntos delitos) como en su ámbito subjetivo (presuntos victimarios y víctimas).

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Hoy se habla del posible asesinato del coronel Dávila, de la financiación ilegal de la campaña Petro por parte de famosos narcotraficantes y contratistas de dudosa ortografía, fundamentalmente en la Costa Caribe, de negociados en Venezuela, de una pesadísima maleta repleta de dinero que con dificultad el personal de seguridad de la otrora jefa de gabinete, Laura Sarabia, habría subido a su apartamento, y de tres mil millones de pesos pertenecientes al propio presidente Petro, cuyo pasado en estas lides ya todos vimos en “vivo y en directo” en pleno debate parlamentario en donde se le mostró complaciente abriendo bolsas con varios millones de pesos en efectivo que jamás logró explicar con suficiencia y cuya exoneración se debió más al paso del tiempo que a su honorabilidad.

En fin, cada día que pasa nos trae un nuevo capítulo de cosas pavorosas que obligan a reflexionar sobre el alcance malévolo del actual Gobierno, mismo que se debate entre la improvisación, la ignorancia, la locura, el radicalismo de izquierda, el odio, la lucha de clases, la guerra a los medios de comunicación y periodistas, pero también en el bandidaje que lo rodea, tanto a título de simpatizantes como del alto Gobierno a quienes la corrupción -que tanto dijeron combatirían- los está atrayendo y haciendo sucumbir.

Postdata #1. No creo que el coronel Dávila se haya suicidado. El hecho de que Medicina Legal -Fiscalía- aún no haya revelado los resultados de la autopsia para decir que fue un suicidio, aumenta la posibilidad de que haya sido un asesinato, siendo el silencio institucional no solo una necesidad, sino una buena estrategia para no dañar las pesquisas de los investigadores de homicidios. De otra parte, nadie contrata a un abogado penalista y le paga cincuenta millones de pesos en efectivo para suicidarse un par de horas después. Creo que “lo suicidaron”.

Postdata #2. Laura Sarabia hoy es una desempleada más, a quien su corta vida laboral solo le ha dejado dos trabajos: el primero, como asesora en la UTL del exsenador Benedetti, y el segundo, como poderosa jefa de gabinete de Petro. Ambos para olvidar. ¿Se imaginan a Laura Sarabia si la vida le hubiese dado la oportunidad de coleccionar puestos públicos? Se hubiese paseado por todo el Código Penal.

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