Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Después de la calma de Semana Santa viene la tormenta. Sí, la tormenta política por cuenta de la elección del nuevo presidente, la cual entra en la recta final de cara a la primera vuelta presidencial. Adhesiones, traiciones, uniones inexplicables pero comprensibles –otras no– y, en fin, todo un juego en donde los políticos harán gala de lo que más los caracteriza: pocas ideas, mucho pragmatismo y una capacidad inimaginable para acomodarse al vaivén de las opciones reales de poder.
Aunque hoy las encuestas muestran, en teoría, a un candidato con tiquete fijo a la segunda vuelta (Cepeda), y a dos candidatos con opción de disputarse reñidamente el paso a la instancia final (Paloma o Abelardo), lo cierto es que este trío no será más que un dueto, pues, para algunos –en los que me incluyo–, el paso de Paloma ya está definido por las dinámicas propias y obvias de la siempre lógica política. ¡Y qué bueno que así sea! No tengo duda de que la segunda vuelta será entre el candidato de la izquierda radical (Cepeda), cuya candidatura simboliza más a las FARC y a los demás grupos subversivos, y la candidata de la centroderecha (Paloma) que en los actuales momentos simboliza más al centro que a la derecha, pero a la que se sumarán todos los de derecha (todos es todos) por simple ósmosis ante la eliminación segura –por fortuna– del cantinflesco candidato De la Espriella.
Los partidos políticos que aún no han tomado decisiones deberán hacerlo en los próximos días. Unos tomarán esas decisiones en el marco de dejar a sus militantes en absoluta libertad para irse con quien más les guste, plazca o complazca, y otros en el ámbito de la obediencia partidista tendrán pocas opciones, pero sí muchas traiciones. Me refiero obviamente a la incertidumbre temporal que gira en torno al Partido Liberal, al Partido Conservador, a Cambio Radical y al Partido de la U, en el que los expresidentes Gaviria, Pastrana, Uribe, Samper y Santos (y Vargas Lleras) –así no todos militen activamente en esas organizaciones– en la medida de sus posibilidades, tendrán un papel activo, unos de cara al público y otros en privado y tras bambalinas, para provocar la decisión de apoyar a Cepeda o a Paloma. Lo más probable es que, en su mayoría, se inclinen por esta última, porque en ese movimiento pluralista ya están varios de sus amigos y exfuncionarios.
La incertidumbre solo durará unos días porque ya llegó la hora de tomar esas decisiones. Ya la mesa está puesta y solo basta jugar las cartas, que no es nada distinto a tomar una decisión, que sea de paso advertirlo, tiene un valor inconmensurable, pues, fácilmente, la victoria de la izquierda radical podría conducir a un lugar al que la institucionalidad jamás habría querido llegar, y en el que el futuro de Colombia entraría en una zona de gran oscuridad y mucha incertidumbre, que la mayoría querrán evitar.
Serán elecciones históricas y cargadas de emoción, insultos e incomprensiones, en el que quienes juegan sin reglas, tienen más maniobrabilidad que quienes juegan limpio, y ahí hay un gran reto. No les falta razón a quienes sostienen que, por el lado de la izquierda radical, es posible que hagan cosas incluso ilegales para ganar. Se habla de actores armados haciendo jefaturas de debate en muchas regiones a favor de la criminalidad que se apega al gobierno Petro y a su vocero en el esperpento de la Paz Total. Allá los escrúpulos son menores y el valor de la legalidad no existe. Por esa razón, tener todo bajo control y las fuentes de financiación claras se convierte en obligación moral para quienes entendemos que, por más política que sea, también hay reglas y con ellas hay que ganar.
Cada día trae su afán, pero por ahora cada candidatura tratará de tener la mayor cantidad posible de actores políticos de su lado, y después se dedicarán a los ciudadanos y expondrán su mejor traje de gala para seducirlos y obtener una mejor posición en las encuestas. Esas que siempre han resultado de vital importancia para mover el ajedrez y a los sufragantes en uno u otro sentido.
Vienen días decisivos y son cada vez quedan menos. El tiempo se acaba.
